
Definición de la polis en el libro De Minos a Cleopatra:
La polis era el sistema de organización estatal básico en Grecia entre la Edad Arcaica y la conquista romana (s. VIII-II a. C.). Su particularidad política y social para la época –libertad personal, igualdad social, orgullo ciudadano− permitió un desarrollo sin precedentes del pensamiento y la libre ciudadanía, no en todos los lugares ni a todos sus pobladores. Su importancia, no solo en la historia Antigua, sino en la conformación del mundo occidental es tal, que nos detendremos algunas páginas para hablar de este fenómeno extraordinario.
Para empezar, pensemos solamente que en el mundo en el que aparecieron las poleis griegas, el sistema político casi unánime de todos los vecinos de los griegos era la monarquía, en algunos casos caudillajes tribales –en el norte de la Hélade: ilirios, peonios, etc…− o bien despotismos teocráticos orientales –reino de Lidia, Persia, Egipto…−. Se calcula que en Grecia llegó a haber unas 300 poleis, aunque su envergadura varía mucho según en cuál de ellas pensemos, desde cientos de miles de habitantes hasta un puñado de miles (Barceló y Hernández, 2020, p. 87).
¿Qué significaba la polis en la vida de los griegos? El sentido de la polis en la mentalidad del griego es sencillo: el hombre es un animal político, es parte de un todo: debe vivir en comunidad. Fuera de ese grupo que le imponía reglas, leyes, comportamientos, obligaciones, el hombre era un bárbaro, una bestia. Era una sociedad donde solo se permitía el individualismo a los dioses y los héroes mitológicos. Incluso en la batalla, todos peleaban a una: la falange era una unidad compacta que no tenía efectividad fuera del esfuerzo colectivo. Por ello debemos aclarar que la polis no fue una ciudad como otras que conocemos en Mesopotamia o Egipto, y si dijésemos eso simplificaríamos enormemente su peculiaridad. La polis era, principalmente, una comunidad humana sujeta a unas normas, a una justicia, unos dioses y celebraciones, y a unas tradiciones. Esto no significa que el ejercicio de la ciudadanía no requiriese ciertas infraestructuras sin las cuales un griego no habría distinguido una ciudad como polis: agora, gimnasio, templos… Pensemos, solamente, que la palabra civilización proviene del término ‘ciudadano’, civis en latín. Esto nos indica que tal fenómeno solo es posible dentro de la ciudadanía, del respeto a unos preceptos, del gobierno racional, de la milicia, es decir, de la idea de polis, pues el concepto latino provenía de su contacto con los helenos. Lo que quedaba fuera de ella era la incultura y el desgobierno.
La polis pretendía eunomia –buen gobierno− y persiguiendo esa eunomia, hacía mejores hombres. Aquel que respetaba la ley ciudadana, contemplaba la justicia, rendía culto a las deidades de la polis,celebraba sus festejos, luchaba por ella y moría en el campo de batalla en su defensa, ese era un buen griego. Podía considerársele alguien civilizado (Kagan, 2020: p. 118). La mujer que se sometía a su marido, traía hijos al mundo y se dedicaba a los dioses y a labores del hogar sin llamar demasiado la atención, esa era una buena mujer –ya hablaremos del patriarcado griego más adelante−. Se la estimaba como una persona civilizada. Los que vivían fuera de la polis, eran salvajes. Una de las peores condenas de la antigua Grecia, hasta peor que la muerte, era el ostracismo, expulsar al ciudadano de la polis, algo así como arrancarle su identidad y el sentido de su vida.
Además, en ciertos lugares, desde el siglo VI-V a. C. también se aspiraba a la isonomia, que era la igualdad de los ciudadanos de la polis, habitualmente limitada o restringida por el poder de los grupos aristocráticos. Ese fue, por ejemplo, el espíritu de la democracia ateniense, hasta el punto que los autores de la época utilizaban la palabra isonomia para referirse al gobierno del pueblo; también en Esparta se reconocía una isonomia, paridad entre sus habitantes, aunque su sentido no era igual al ateniense, sino marcial –igualdad entre los compañeros de armas−. Esta isonomia fue motivo de conflictos en el seno de la polis, y alteraciones políticas de las que hablaremos en los casos concretos estudiados más adelante: Atenas, Esparta, Corinto, Mileto y Tebas.
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