Llevaba mucho tiempo queriendo escribir esta entrada. Me habría gustado hablar con alguno de los que la vivieron conmigo. El caso es que una de las primeras veces que fuimos a jugar al Bareto del gran Txelo de Kastro un springfildiano famoso preparó un módulo para el D&D primera edición, lo que despertó al grupo curiosidad y entusiasmo (nunca habíamos jugado a esa versión), y acudimos felices a la cita.
Debo deciros que el Bareto fue un lugar entrañable para el rol, fuimos muy felices jugando allí los primeros años de este milenio, hasta que lo cerró la policía, ¿cuándo fue? ¿cuánto años estuvimos jugando en el Bareto? ¿Hasta 2006, 2007? Ahora no estoy seguro, estaría bien que Txelo se manifestase y hablase. Cuando se recuperó aquel local, que había estado años vacío (creo que antes hubo una tienda de la familia de Txelo) yo estuve presente viéndolo. Era un zoológico de arañas, cada cual más gorda. No os podéis imaginar como estaba de telarañas. Había unos conejos en la trastienda, metidos en un pequeño cubículo, no sé que cojones hacían allí, pero ya sabéis cómo huelen los conejos escasamente higiénicos. Años después el Bareto fue acondicionado para ser un local heavy de finde, y algún tiempo más tarde la policía lo precintó porque era un bar pirata sin permisos para funcionar. No me preguntéis detalles porque no sé nada.
Pues bien, la partida más infame de la historia tuvo lugar poco después de haberse recuperado el Bareto y haber desterrado a todas las arañas asquerosas. No éramos un grupo numeroso: recuerdo que estaba Hamanu, Txelo, el Máster infame, llamémosle Luís, quizás algún otro, mi primo Luis Alberto quizás, no me suena que estuviese el Maestro Ninja ni Tarnus y, evidentemente, yo. Luís nos dio unas hojas de personaje (creo que prefabricados), no sé que me tocó, sí recuerdo que Hamanu jugaba con un mago. Nos acomodamos, todos entusiasmados por jugar al gran D&D.
Empieza la acción. No hay trasfondo, no hay historia, no hay un puto noble flipado que nos dé una misión ni nada por el estilo. Luís plantó sobre la mesa un mapa cutre hecho en una hoja cuadriculada de cuaderno, con los pasillos trazados a boli (veíamos todo el dungeon ya dibujado, no había nada que descubrir), y nos dice: «Salís aquí» mientras señalaba con el boli la hoja triste. ¿Objetivos, motivos par la aventura? ¿Buscamos una princesa tetona, un cetro mágico, un tesoro perdido? Tonterías, supercherías. En el dungeon de Luís lo que había que hacer era avanzar y ya te encontrarías algo.
¿Cómo habíamos llegado a ese lugar sin nombre? ¿Qué teníamos que hacer en él? ¿Había un mago cabrón al final? ¿Había goblins, zombies, esqueletos, bandidos? «Te haces preguntas estúpidas, muchacho, tu avanza y mata lo que salga, lo demás es filosofar sin sentido». Allí, en aquél momento, descubrí lo que era el anti-rol. Porque yo conocía, y conozco, a muchos menganos a los que lo único que les interesa es matar orcos y robar tesoros, pero incluso esos simples se sentirían incómodos si no supiesen dónde están, ni por qué. Incluso ellos echarían falta un trasfondo mínimo que les permitiese trazar unas ridículas coordenadas en la fantasía. Luís nos demostró que no era necesario, que él practicaba el anti-rol, una forma de jugar que se reducía a mecánicas sin sentido que flotan en el vacío: esa partida era la nada con dados.

Pero lo mejor vino después, gracias a Hamanu. Es todo lo que recuerdo, mi cerebro ha olvidado todo lo demás por salud mental. Seguro que el rey hechicero se acuerda, y puede añadir algún detalle en comentarios. Total, que salió un goblin despistado, que evidentemente no sabía por qué estaba allí (se había despertado de un morón tremendo y estaba desorientado) y Hamanu, el magucho de nivel 1, le tiró un proyectil mágico. Tira el dado de cuatro, un uno, dos puntos de golpe. Como era un maguillo de nivel 1 solo podía tirar un conjuro. Diálogo apoteósico:
-¿Cuándo podré volver a tirar otro proyectil? – preguntó el ingenuo Hamanu.
-No. Ya lo has lanzado, ya no te quedan conjuros – responde Luís.
-¿Pero no lo puedo recuperar para otro momento? – insiste el cándido maguillo.
-No, ya has gastado tu magia, ya no puedes tirar más conjuros.
Está claro que Luís no sabía las reglas, el descansar, memorizar y esas mierdas, porque lo que vino a decirle a Hamanu fue: YA HAS TIRADO LA MAGIA SE JODIÓ PARA EL RESTO. Se acabó muchacho, caput, arrivederchi, this is the end, finito. Te haces un mago, y todo lo que puedes hacer en tu asquerosa vida, es tirarle un magic missile a un mierda de goblin que pasaba por allí. ¿Captáis lo infame de aquella sesión? Pues todo así.
Evidentemente, no volvimos a jugar a aquel desecho, y Luís nunca más hizo de máster, yo creo que por vergüenza. Tampoco volví a jugar con él de ninguna manera. Desapareció, hizo las maletas y se piró a Cuba, yo qué sé, pero nunca volví a oír su nombre en relación con el rol.

Y que os sirva a todos de lección: currarse un trasfondo es importantísimo para darle credibilidad y profundidad a una partida; y, después de eso, trabajarse buenos recursos como mapas, cartas, usar lámparas si jugáis en la oscuridad; redactar un módulo guapo, leerse bien las reglas, seleccionar buena música para amenizar la sesión… y todo lo que se os ocurra, pero tened por seguro que cuanto más te esfuerces en optimizar tu partida mejor saldrá. Luego puedes hacer como Luís,si eres de los que les jode trabajar, hacer el ridículo y luego desaparecer. Tú eliges.







Deja un comentario