Hace ya más de un año que escribí esta cartita en un foro de Ravenloft que yo mismo modero. En mi tiempo, algunos no sabían muy bien de qué iba eso de Ravenloft o del horror gótico, y pensaban que todo se componía en sacar vampirillos y zombis en las aventuras y ya teníamos partida. Recupero aquí la carta, porque considero intersante su contenido y quiero ampliar su proyección:
Ravenloft es un entorno de campaña de D&D, con una ambientación distinta a lo que tradicionalmente se concibe como un mundo de rol de fantasía medieval. La ambientación de Ravenloft es lo que se conoce como «Gótica», término que es preciso definir y matizar.
PEQUEÑA INTRODUCCIÓN:
El origen de la palabra «Gótico» proviene de Suecia, y hace referencia al sur del país, Gothland, territorio que debe su nombre al pueblo germánico que en origen habitaba aquellas tierras, los godos. Muy tempranamente, en nuestra era, este pueblo protagonizó una serie de migraciones por el continente que le llevó a dividirse en varias tribus distintas, de las cuales las más famosas fueron los godos del este y los godos del oeste, esto es, Ostrogodos y Visigodos.
Los visigodos tuvieron un papel fundamental en las primeras invasiones que sufrió el imperio romano, en la segunda mitad del siglo IV. En 378, el ejército del emperador de oriente, Flavio Valente, sufrió ante los visigodos la más desastrosa derrota de toda la historia de Roma desde Cannae (hablamos de la Segunda Guerra Púnica, siglo III a. C.). Desde ahí, el pueblo visigodo recorrería los imperio de Oriente y Occidente a sangre y fuego (saqueo de Roma en 410), hasta asentarse en torno a Toulouse, ciudad del sur de Francia de la que fueron expulsados posteriormente por los francos (Vouille, 507).
El pueblo visigodo empezaba una nueva migración, esta vez hacia España, donde se establecieron en torno a Toledo. Por aquellas fechas, sus primos los ostrogodos ya habían cruzado las fronteras de Roma y dominado Italia, de la que se harían dueños hasta su recuperación por Justiniano (mediados del siglo VI). Como sabéis, la duración del reino visigodo de España fue mucho más dilatada, y su influencia en los destinos de España extraordinariamente importante. En el año 711, con la invasión del país por Tarik y sus bereberes, el reino visigodo llegó a su fin.
Cuando en los siglos XV y XVI se empezó a recuperar el recuerdo de Roma en lo que ha venido llamándose el «Renacimiento», cuyos intelectuales consideraron la Edad Media un paréntesis de ignorancia y brutalidad, el arte que esta nueva moda impuso fue aquél inspirado en las obras de griegos y romanos. El Renacimiento fue la vuelta a lo clásico, entendido como tal el canon grecolatino. Como desprecio al arte que se hizo en la Edad Media, lo llamaron «Gótico», es decir, el arte de los godos. El arte de los bárbaros. Por supuesto, había que estar muy ciego para considerar las catedrales un arte de bárbaros o de gente incivilizada. Todas las civilizaciones han lanzado miradas subjetivas a su pasado, y los resultados han sido casi siempre injustos.
LA LITERATURA:
A finales del siglo XVIII los artistas, escritores, pensadores, empiezan a cansarse de los estrictos códigos intelectuales que impone el mundo de la Ilustración. Hasta tal punto está llegando la racionalización de la vida, en estas fechas, que tras la revolución francesa, un grupo de exaltados impone un culto religioso a la «Diosa Razón». La reacción a este corsé clasicista y académico que constreñía el mundo intelectual europeo fue el Romanticismo, un movimiento cultural que potenciaba el sentimiento, la fantasía, la abstracción, el individuo. Si los ilustrados buscaban sus modelos en la Era Clásica de Grecia y Roma, los románticos se remitirán al medioevo, ensalzarán este periodo y trasladarán a él su imaginación. Las leyendas, los héroes como Rolando, el Cid o Beowulf, el ideal cristiano y caballeresco, Europa unida (frente a la desunión carísima de finales del XVIII) bajo el estandarte de la Cristiandad.
En el tránsito de aquellos dos movimientos culturales, la Ilustración y el Romanticismo, a finales del siglo XVIII, empiezan a aparecer manifestaciones literarias que condensan en buena medida las características del romanticismo maduro. Es la novela gótica. ¿Por qué gótica? El nombre es interesante, porque muchas veces ni siquiera están ambientadas en el medioevo. El motivo es el escenario, el entorno. Es gótico porque remite a la arquitectura de la plena Edad Media, a las catedrales de alargados ventanales y puntiagudas torres, donde transcurre buena parte de la acción de estas novelas. También son escenarios frecuentes las ruinas de templos góticos, inundadas de la naturaleza que trepó sobre ellas desde que fuesen abandonados, mucho tiempo atrás. La imaginación romántica se dispara, y entran en juego las oscuras mazmorras bajo los lustrosos templos, las cámaras de torturas escondidas de los inquisidores, los castillos ruinosos que pertenecieron antaño a un cruel señor, los manicomios húmedos y oscuros, lugares todos que provoquen una fuerte sensación en el lector, aunque no sea buena. Se recuperan criaturas de las tradiciones de distintos pueblos, como en el relato «El Gólem», tradición hebrea, o el hombre lobo, presente en todas las mitologías célticas. Con el romanticismo maduro también se dieron estas creaciones, como la del autómata disfrazado de mujer, Olimpia, del que se enamora Jonathan en «El hombre de Arena» (E. T. A. Hoffmann), o la ondina que seduce al caballero Hulbrando y lo arrastra a la muerte en «Ondina» (Friedrich de la Motte-Fouque).
La catedral, ese espacio de oración extraordinariamente luminoso, con esa infinidad de ventanas para que la luz salude al cristiano que entra en la casa de Dios (frente al templo románico, que era sumamente oscuro), acogerá en estos relatos a héroes desesperados, tramas oscuras, siniestras, donde las pasiones se desatan arrastrando consigo a los protagonistas. Héroes (más bien anti-héroes) como Ambrosio, el clérigo español que en «El Monje» está dispuesto a entregarse a Satán con tal de poder poseer carnalmente a la adolescente inocente que le cree un santo; o Melmoth («Melmoth el Errabundo»), el irlandés que tras haber acordado con el mismo demonio la vida eterna a cambio de su alma, recorre desesperado el mundo buscando a alguien que acepte de propia voluntad cargar con su maldición.
Estas tramas retorcidas, inquietantes, fantásticas, hicieron las delicias de los lectores de finales del XVIII y principios del XIX. Dado el gusto de sus autores por localizarlas en estos lugares con «sabor medieval», acabaron llamándose novelas góticas. Más avanzado el siglo XIX, todavía vieron la luz algunas de la piezas más conocidas, aunque de mediocre calidad, pero inmortalizadas gracias al cine en el siglo XX. Libros como «Drácula» o «Frankenstein, o el moderno Prometeo», son los últimos coletazos de un género que alcanzó su cumbre a principios del XIX.
EN LA ACTUALIDAD:
Hoy en día el abuso que se ha hecho de los cánones del goticismo literario ha desvirtuado por completo todo su misterio. Desde películas donde ejércitos de hombres-lobo luchan contra ejércitos de vampiros, hasta movimientos urbanos que ¿pretenden? tener algún tipo de relación con la esencia de la novela gótica. Aparte de la natural violación a la que se ven expuestos este tipo de modelos literarios, especialmente desde el cine y los videojuegos, todo movimiento cultural se expone a quedar a la deriva y desfigurarse cuando pierde el nexo con sus orígenes. Parece normal, y no es algo que nadie pueda evitar. La principal consecuencia de la «popularización», es decir, del acceso de las masas a un determinado tipo de cultura, es su vulgarización (La novia de Frankenstein, la tribu urbana, un hombre lobo en París, la música gótica…).
Ravenloft nació siendo simplemente un módulo, en los años 80, en el que se imprimía a la ambientación de fantasía medieval un sello gótico que lo diferenciase. Más tarde, a principios de los noventa, se consideró que podría resultar rentable editar toda una campaña con ese trasfondo gótico que había tenido el módulo, ideando un mundo lleno de villanos atormentados por sus crímenes que tenían que vérselas con los PJs. Pero eso era también caer en el abuso: es imposible sostener una campaña completa de horror gótico sin aburrir a los jugadores, y pronto la gente empezó a cansarse de las aventuras de huesitos y vampiros. Por eso el éxito que Ravenloft cosechó en su primera publicación con la 2ª Edición de D&D no fue ni remotamente igualado en la 3ª (donde quedó como un mundo de segunda y en vías de extinción) lo que explica también que no se haya planteado reeditarlo para la 4ª. No es necesario Ravenloft porque par ambientar una buena aventura con un trasfondo gótico no es preciso comprar un libro o varios, basta con planteárselo.
¿Cual es, entonces, el futuro de los másters y jugadores de Ravenloft? Hoy por hoy Ravenloft no tiene mucho futuro, a pesar de que hubo en su tiempo una prodigiosa colonia de defensores a ultranza del Semiplano en Internet, cuyas páginas todavía pueden ser visitadas en la web. Puede que en un futuro alguna editorial se plantee una nueva versión, para la 4ª de D&D o para la siguiente. Pero no nos engañemos. El goticismo que Ravenloft vende deja de ser tal cuando se mundaniza, cuando se repite aventura tras aventura; si la novela gótica tuvo tanto éxito en el siglo XIX fue porque sorprendía con cosas nuevas, ¿a alguien hoy le va a sorprender un hombre lobo? ¿Y una momia? ¿Y un fantasma? ¿Y una mazmorra con muertos vivientes? Una de las características más atrayentes de aquella literatura era la capacidad de cubrir con un oscuro velo la trama, y no mostrarte el horror hasta el final. Pero si hacemos eso durante una partida de rol (mejor, durante todas las que juguemos) ¿no se aburrirán nuestros personajes?
SOLUCIÓN:
Recuerda que las cosas sorprenden solo cuando son innovadoras, y que una buena ambientación gótica exige muchísimo cuidado a las descripciones y detalles. Una aventura plenamente gótica requiere muchas horas de elaboración, por eso, si lo que quieres es jugar una campaña larga, tendrás que dejar el purismo de lado y retomarlo en casos concretos. No le des vueltas a los tópicos de siempre. Los vampiros y hombres lobos están más que vistos, búscate algo más retorcido, como un enano que antes era payaso y ahora, con su tétrico disfraz, asesina niños.
Por otro lado, es muy difícil asustar (no olvidemos que esta es una ambientación de terror) a cinco colegas que se están descojonando delante tuyo, mientras recuerdan la borrachera del sábado. En próximas entradas daré algunos consejos para hacer que los mamones también tiemblen, aunque no lo hagan exactamente por las gárgolas de las catedrales.
Espero que os haya gustado y hayáis aprendido algo.
Un saludo







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