El mundo de las reliquias informáticas es apasionante, y ha dejado muchos cadáveres por el camino. Los que nacimos a principios de los 80 sabemos de eso un rato. Tuvimos el privilegio de asistir al origen de los videojuegos, probar aquellos softwares machacones e irritantes que tanto nos divertían. Tres colores en pantalla, música a base de pitidos, dificultad desproporcionada, mucha imaginación para reconocer a un ser humano en el dibujillo que servía de prota.
Sí, confesemos todos. Yo perdí mi virginidad jueguil con maquinillas desquiciantes, pero en lo relativo a ordenadores, fue con un ZX Spectrum +3. El mío era de disquete. Se lo regalaron a mi hermano por su comunión. Otros, con modelos más antiguos (que los hubo) tenían que madrugar para poner el juego a rebobinar (eran de cinta, sí, como los casetes). Que ilusionaza cuando mi hermano y yo enchufábamos los disquetes con los juegos más modernos de su tiempo. Era la época de Ópera Soft, Topo Soft, de Dinamic, de las grandes compañías españolas, conocidas y reconocidas a nivel mundial.
¡Qué tiempos aquellos! Nos conformábamos con jueguillos que hoy en día harían vomitar al más osado quemamáquinas. Y qué habilidad teníamos: ningún juego de los de hoy tiene una cuarta parte de difultad que un Mutant Zone (Ópera Soft), que un Corsarios (Ópera Soft), Navy Moves (Dinamic), Nonamed (Topo Soft), Indiana Jones y la ultima cruzada (Lucasfilm Games) y tantas otras joyitas de la dorada década de los 80. Eran insufribles, pero nosotros los fundíamos igualmente con perseverancia y autosuperación.
El tema de las portadas de aquellos años me fascina. Las compañías vendían sus productos a los niños poniendo a tías «medioempelotas» en las portadas, ilustradas muchas de ellas por Luís Royo o Alfonso Azpiri. ¡Dios qué orgullo ser español en aquellos años!, y no como ahora, que vivimos reprimidos por los acomplejados de siempre. Las tías buenas se usaban como reclamo para niños que saltaban de teta en teta: de la teta de la madre a la del videojuego, y así tirar hasta hacerse mayor y saltar a las de la novia. Una progresión matemática sabia y precisa, con cabida en las leyes universales del cosmos. Los 80 eran otra época. Pero los niños éramos felices, y no provocábamos altercados de índole sexual en el colegio, por más que Telecinco censurara las series de anime (nunca os lo perdonaré). Pero eso lo dejo para otra entrada, porque tiene miga.
Los ochenteros crecimos con juegos cutres. Luego llegaron los PCs, y mejoraron un poco. A medida que avanzaban los 90 íbamos viendo cosas mejores, asistimos al nacimiento de Ultima, Doom, de Warcraft (nos robaron parte de nuestras vidas que les reclamaré a sus respectivos creadores cuando me los encuentre en el infierno); jugamos a la Super Nintendo, a la Game Boy, a la Mega Drive, quemábamos todo lo que se nos ponía a tiro (todos los niños de los ochenta tuvimos una fase pirómana). Hemos visto la revolución del 3D y los juegos de los dosmiles. Los juegos han cambiado mucho, y a mejor. Desgraciadamente, las compañías españolas de aquella época se fueron a la quiebra y desaparecieron, pero es justo reconocer a los pioneros en la conquista de los bytes con una entradilla de blog. Mi agradecimiento a los programadores españoles de aquellas legendarias compañías, por dos motivos: por las horas de diversión que me aportaron con sus juegos capaces de engorilar al Dalai Lama, y por haber afirmado mi heterosexualidad con sus portadas lascivas. Dios dé buena cuenta de los caidos. ¡Viva España!
PD: aquellos interesados en mayor información respecto a las viejas glorias, puedes pasarse por esta paginilla de un auténtico friki del spectrum: http://www.worldofspectrum.org/. Que lo disfruten, señores.
















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