Hay grupos que hacen música que gusta y todos llegamos a tararear. Otros te dan el verano con sus estribillos machacones y fáciles. Terminas queriendo matar a alguien. Y luego están esos grupos que hacen himnos de su tiempo. Hay muchos y muy buenos, especialmente por aquellos años en los que nacimos yo y cuatro frikis más, y los de antes. Hoy me voy a dedicar a Scorpions, una banda que me toca de cerca, porque a mi padre le gustaba mucho, y me lo inculcó.
Scorpions fue una de las muchas bandas que se crearon a principios de los 70. Tuvieron su origen en Hannover, en una Alemania todavía dividida por el resultado de la II Guerra Mundial. Pioneros del hard-rock y el heavy metal en su país natal, ganaron numerosos premios a lo largo de la década setentera y su fama creció a nivel nacional. En esa misma década dieron el salto, primero a Europa, más tarde a todo el mundo. En 1977 fueron disco de oro en Japón con Taken by Force, y desde 1979, empezaron a tantear el mercado norteamericano.
Los sucesivos álbums de Scorpions arrasaron en EEUU: Animal Magnetism (1980), Blackout (1982) y Love at First Sting (1984). Los conciertos de la banda dieron la vuelta al mundo, en un tiempo que fue llamada la era dorada del heavy metal. Reunieron a 325.000 fans en el Festival de rock de California de 1983, y otro ejército de 350.000 fans en Rock In Rio 1985. Scorpions arrasaba, no parecían existir, en todo el mundo, barreras para sus baladas inmortales.
Y no las hubo. En 1988, un grupo de rock internacional saltaba el Telón de Acero y ofrecía diez conciertos en distintos puntos de la Unión Soviética. Eran Scorpions. Fueron recibidos por las autoridades y el mismo presidente, M. Gorbachov, en el Kremlin. La aceptación fue absoluta. En Leningrado (actual San Petersburgo) 350.000 fans recibieron a los Scorpions, coreando Still Loving You, una de las baladas más inolvidables de la historia del rock. Al año siguiente, el éxito cosechado por Scorpions favoreció la celebración del Festival de la Paz de Moscú, donde nuestro grupo fue acompañado por Ozzy Osbourne, Bon Jovi, Cinderella, Skid Row, entre otras bandas. Allí sonó una composición premonitoria y que sirvió para poner música a un tiempo de cambios: Wind of Change. El Telón de Acero caía dos meses después. Su Alemania, un país vencido y humillado, doliente de su carga histórica, se reunió de nuevo en un viento de fraternidad y esperanza.
Los Scorpions siguieron publicando discos y dando conciertos. Todavía hoy lo hacen, y aunque están viejetes lo dan todo. Pero su era, la era de los cambios, ya había pasado. Cumplieron su cometido ampliamente: grabar en nuestras mentes una época al ritmo de buena música. Los niños de hoy en día pensarán que soy un majara. Los ochenteros me comprenderéis.
Más frescos que las imágenes conserva la música los recuerdos.







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