El baúl de los recuerdos roleros VII-II

He tardado en escribir este baúl porque confiaba en poder encontrar algo de información sobre la campaña de Forgotten que siguió a la de Dragonlance, bastante mejor documentada. Ha sido imposible, nadie recuerda nada. Yo unas pocas cosillas. Rondaban los años 98-99, final apoteósico de milenio con Crom, alias Torkol, alias Bognar, haciendo entrada en nuestras tristes vidas; Madmardigan, alias Sir Bowen, también desatado; Fistandantilus loco como una chota; el Maestro Ninja empezaba a cogerle gusto a hacer pira. Ya nada fue igual. Mi último curso de la ESO y los dos de Bachillerato fueron de vomitar las tripas de risa, y eso que los grandes de clase ya apenas se dejaban ver por ella.

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Madmardigan fue siempre el imperfecto caballero, el genial ladrón y supremo ratero tocapelotas.

Torkol jugó con nosotros antes de Forgotten. No sé si estuvo en alguna partida de Aquelarre, no creo que de Señor de los Anillos. Ya no jugábamos a esas cosas. Sí estuvo, lo sé seguro, en la primera sesión de Fiesta de Goblyns allá por el 98, cuando Raistlin, alias Wolframius Rostrum, me pasó la aventura para que la hiciera. Vino un día a una clase de gimnasia mía, corriendo, con las melenas por la cara, me dio la aventura y me diría algo así como ‘prepárala’, mientras me gritaba a la cara algún verso de Manowar. A mi me encantaba Ravenloft, ya lo sabéis, así que me puse con ello y la preparé para el grupo de Dragonlance; fue la anteúltima partida que jugamos con ese grupo, y además en el mitiquísimo y nunca lo suficientemente celebrado choco de Maese Zevo, un lugar perfecto para las locuras del rol. Allí nos metimos, en las oscuras tardes de noviembre o diciembre, en una nube de humo de porro, a matar goblyns. Y allí jugó con nosotros el gran Crom, quizás por primera vez, al que nadie solía rezar.

Murió rápido, recuerdo que empezó a jugar cuando la campaña ya estaba comenzada, y murió, junto con Urquijo, aplastado por el famoso Sthank de Fiesta de Goblyns, en el dungeon del Cañón de Radaga, donde estaba la corona de Almas. Aquellas jornadas de Fiesta de Goblyns fueron difícilmente olvidables, incluso me hice enemigos en la realidad, pues un día vino A. el Cabezón, estábamos ocho jugando, y yo era muy estricto con el número de jugadores. Me jodía mucho tener tanta gente jugando. Pues vino el Cabezón, el maestro del minmax, que sabía que solíamos jugar en el choco y se autoinvitaba, y me pidió jugar. Y le dije que no. No me ha vuelto a hablar. Un día hablaré de las amistades que me ha costado el rol.

El grandioso Crom: de desconocido a leyenda en una semana, te adoramos.

El caso es que Crom estuvo allí, ya era uno más. Participó en la aventura más mítica y bestial, y nos demostró que él estaba hecho para lo mítico y lo bestial. Gracias amigo. Después, a mi me gustó tanto Ravenploft que compré varios libros y empecé a estudiármelo, pero de mientras empezamos la campaña de Forgotten. Los frikis se hicieron personajes, algunos muy míticos todavía, que nunca podrán ser olvidados: el gran elfo guerrero-mago Althilor Fengrim, también llamado Peloplátano; el no menos célebre Madmardigan, cuyo primo capturado por los drow se fue a hacer una paja mientras esperaba para hablar con el señor del castillo; Ranmer, el enano bloque del Maestro Ninja Gara; Groo, el bárbaro retrasado que se hizo el inigualable Crom; creo que jugaron también Flores, alias ‘el Zorro’, seguramente con ese personaje; quizás Wolframius, maese Zev, y otros grandes springfieldianos.

La primera sesión la recuerdo bien, en el choco de Zev presentando a los PJs y preparando la primera aventura. Ese día, no recuerdo a cuento de qué, quizás el Maestro Ninja recuerde algo, el gran Crom nos contó detalles de sus noches de fiesta y violencia, donde la gente que se enfrentaba a él acababa sin dientes o le reventaban la cabeza contra un cristal. No llevaba mucho tiempo en Springfield y ya era leyenda. Todos los caóticos malvado le querían. Las tías le adoraban. Crom era el rey León, mandaba sobre los mortales con puño de hierro. Celebramos ser sus amigos. Las risas con él eran cósmicas. Estoy escribiendo esta entrada porque el otro día me llamó llorando diciendo que había leído este blog y por eso lloraba. No se le puede describir con palabras, hay que jugar a rol con él. Es una experiencia diferente.

El Maestro Ninja siempre fue un adorador de los enanos bloque, a los que es imposible colocar una hostia, ‘cada +1 cuenta’ es su lema. Tanto le gustan que hasta los retrata. Te adoramos, Maestro Ninja.

No recuerdo casi nada de las sesiones de Forgotten, ni cuanto tiempo jugamos. Creo que alcanzaron cierto nivel conmigo, quizás nivel 6 o 7, debimos jugar al menos un año, que coincidiría quizás con 1º de Bachillerato, 98-99. Recuerdo algunas anécdotas. Recuerdo a Sir Bowen incitando a la barbarie a Crom, diciéndole a cuenta del Gauntlet II que

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Lightbringer, ¡1994 cabrones!

habían traído al Sputnik, que se había gastado mil duros en la máquina y aun así tenía menos nivel que él; que le iba a robar la contraseña y le iba a gastar las pociones. Os podéis imaginar que la ira de Crom era bestial con el tocapelotas de Madmardigan, pues Crom era un bárbaro, no podía contener su ira ni su lenguaje agreste. Yo por aquel tiempo no jugaba al Gauntlet, no me gustaba, gastaba mis duros en el Lightbringer. Era muy malo, no solía avanzar mucho, pero cuando me salían partidas buenas también estaba jodido, porque tenía que volver a clase y dejarlas tiradas. Un día, una lombriz de iniciales A. C. me jodió una buena partida en el Sputnik, y pasó a engrosar la lista de personas de las que tengo que vengarme. Algún día comentaré quiénes están en esa lista y por qué.

Un día, a cuenta de la campaña de Forgotten, Madmardigan intentaba convencerme a mí (como plaster) para hacerle una putada a Crom. Este venía dándome por saco mucho tiempo ya para que le sacase un hacha mágica, y yo siempre he sido muy duro para soltar objetos mágicos. Madmardigan me decía que le sacase un hacha mágica de madera, una basura, que en la II versión de D&D era -2 a daño y ataque, pero que se la sacase +1, para que todavía siguiese siendo mierda aunque mágica. Es decir, en lugar de ofrecerle un objeto presentable y digno, una mierda de madera para desatar su ira, que fue siempre la especialidad de Sin Bowen, alias Madmardigan. Recuerdo que ese fue el año que descubrieron en el libro de Advanced D&D la posibilidad de inventar categorías de personajes, e hicieron un porrón con las que nunca jugamos. Yo ya les dije que me parecía una gilipollez, pero a mi nunca me han hecho caso.

El gran Crom seguía la filosofía de Conan: el sentido de la vida para él es aplastar enemigos, verles destrozados, y follarse a sus mujeres. He cambiado las palabras de Conan porque es lo que realmente quería decir nuestro amigo cimmerio.

Recuerdo un día que hubo una gran batalla en una caverna llena de orcos, al estilo la escena de Conan, que moló mucho. Pero no recuerdo nada más. Pasado el tiempo, a mí Ravenloft me seguía seduciendo, y con Forgotten empecé a cansarme porque cuando los PJs ganan nivel son más difíciles de manejar. Estaba preparando una gran aventura de Forgotten, pero la tenía hecha y no llegué a jugarla; se la pasé a Madmardigan que quería dirigir a ese grupo, y yo di el salto a Ravenloft. Algunos de esos pejotas creo que acabaron jugando con Wolframius de máster en Planescape, pero de eso tendría que escribir él porque yo no tengo información.

Con Ravenloft hice varias campañas, que detallaré en el próximo baúl, a ver si logro reunir información, porque todo está muy nebuloso por aquellos años. Una de ellas, la última, todavía está abierta, y los pejotas tienen ya nivel 13 y así. Pero no creo que volvamos a jugar, pues tenemos otra un poco charlotada en Forgotten, con los viejos de Dragonlance resucitados, y prefiero jugar eso cuando podamos reunirnos de nuevo.

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