Confesé hace meses que mi primera partida a rol fue en Runequest, y fue tan satisfactoria que aquí estoy. La trama era muy sencilla (rescatar al hijo de un noble de unos bandidos) y aquella simplicidad hizo mayor el disfrute. Las semanas y meses siguientes yo era como una mosca cojonera, siempre pidiendo rol como un drogadicto, y pillándome rebotes descomunales cuando por cualquier motivo no se podía (normalmente mi primo, que era más de fútbol, ponía pegas). Cuando jugábamos nos metíamos en su garaje y respirábamos gases. Grandes tiempos aquellos, donde las trastadas nos salían gratis, como cuando sir Bowen (aka Txelo de Castro), terminada ya la partida, cogió el extintor del garaje y fumigó un poco por aquí y por allá.
Cuando nuestro máster (que era un tío mayor y más serio) se cansó de nosotros (13-15 años), me pasó el relevo a mí como DM. Escribí a mano una aventura para Runequest (cuando aquello, principios de los 90, PCs más bien pocos). Era una brutalidad donde PJs de escasa experiencia tenían que eliminar un culto maléfico de orcos, no sin antes matar a un wyvern y robarle su tesoro. La verdad es que la superaron con sufrimiento, que es como deben superarse las buenas aventuras; se indignaron con el tesoro, que eran 40 monedas de oro y un arco (siempre he sido un máster poco generoso), y empezaron a pedir más.
Eran aquellos tiempos en los que el prestigio del Señor de los Anillos no estaba en entredicho, y la gente flipaba con solo oir la palabra Tolkien. Que si el Hobbit por aquí, que si Elrond por allá, que si un Nazgul, que si un Balrog. Así que yo, que llevaba tiempo curioseando la versión Básica del Señor de los Anillos (todavía la tengo por aquí, el otro día me salió un bicho de ella), me propuse iniciar una campaña. Mi primera campaña. Así que me pasé por Guinea Hobbies (tienda que ya no vende juegos de rol, en Algorta) y me compré el Señor de los Anillos JdR, el profesional (Kanus, igual me falla la memoria, si lo compramos en otro sitio habla ahora o calla para siempre).
Fue una gran campaña de la que guardo muy buenos recuerdos. No sabría decir cuánto estuvimos jugando (cuando eres chaval el tiempo pasa de un modo tan extraño…) si fue cuestión de meses o de más de un año. Allí estuvieron el mítico Alfharon de Kanus Maximus, el Percebal de Txelo de Castro, el hobbit de Bob (¡no recuerdo el nombre!), el guerrero de mi primo Luís, y algún otro que no recuerdo bien… Por favor, los implicados que aporten información que yo haya omitido. Entre las partidas más guapas estuvo aquella de las Tres Torres que Alfharon se hizo de principio a fin con venda en la cabeza y muletas (el SdlA era así), porque un troll le había pegado un porrazo. Poco después, estaban en una de las torres y los orcos la metieron fuego, teniendo que salir los héroes por la ventana, como el que no paga la factura del hotel. En otra tenían que defender Bree de un ejército de orcos, y participaron en una buena batalla. Para celebrar la victoria, Percebal (un caballero) se alistó en un torneo con pendones, nobles, bandejas de plata y cortesanas buenorras. En la primera justa sacó una pifia, se calló del caballo y se partió las dos piernas.
Mis partidas al Señor no duraron mucho más (¿pudimos jugar entre 1993-1995?). Tuve otros grupos pero con aventuras sueltas que no llegaban a nada: allí estaban Alfredo, Abella, el Maestro Ninja, Micrófono y algún otro friki. Por no contar las veces que jugamos la aventura del castillo (sí, la que venía en el libro). Pero de eso hablaré en la siguiente entrada del baúl.
Por cierto, un recuerdo para Angus McBride (1931-2007)…











Deja un comentario