Lista de personas de las que tengo que vengarme (III)

Yo podría escribir cosas de mi tierna infancia que nadie se creería. Me dirían: ‘eso te lo has inventado, te lo has imaginado o lo has soñado’. Punto primero, para inventarme tales cosas tendría que ser un puto genio y hasta hoy parece que no lo soy. Punto número dos, existen testigos vivos. Punto número tres, recuerdo donde sucedieron, sus protagonistas, todo lo que envolvió el asunto, y pertenece al mundo real. Recuerdo detalles. Normalmente de lo que sueño no me acuerdo, cosa que me jode mucho, porque a veces seño cosas que luego me parecen grandiosas, y al de diez minutos no me acuerdo de nada.

Cuando éramos niños en los 80 la educación en España no era como hoy. Hoy los niños pegan a los profesores, y si pencas ocho no te dicen inútil, vago o sinvergüenza, te dicen ‘pobre, tendrá problemas de comprensión o familiares’ cuando la realidad es que se toca los cojones y fuma porros a dos manos. A mi, mi madre me decía que en sus tiempos, durante el franquismo, les sacudían con reglas en las yemas de los dedos, y les ponían sosteniendo libros contra una pared. No deja de resultar chocante que en la Constitución de 1812 se prohibía el maltrato físico a los niños en la escuela, aunque también es verdad que al promotor de esa iniciativa, Isidoro de Antillón, diez años después, le sacaron el cadáver de la fosa e incineraron los huesos y los desperdigaron por el campo.

Hoy vengo a hablar de dos auténticas hijasdeputa que me pegaron a mi, y Franco ya había muerto. No lo he soñado, que sería sin duda lo que me dirían ambas si se lo afease ahora: a mi me disteis buenas ostias cabronas, y cuando estudié con vosotras tenían entre 4-7 años. Hijasdeputa. Para guardar el anonimato, llamemos a una M. S. y a la otra CH. La verdad que de ellas no me vengaría con un cuchillo en la mano, ni siquiera les daría una ostia como las que recibí, solo se lo reprocharía en público para avergonzarlas. He descubierto que la mayor parte de mis venganzas remontan a mi infancia, lo que me hace pensar mucho en la vulnerabilidad de los niños y los abusos que sufren. Vosotros, que tenéis niños, estad encima de ellos, protegedlos y rompedle la cara al que se sobrepase.

M. S. Ella fue mi primera maestra, ‘señorita’ como decíamos entonces. Haciendo cálculos me sale que, cuando me cruzaba la cara, la dulce jovencita no tendría más de veintipocos años, porque tengo entendido que está para jubilarse, si no se ha jubilado ya. Desde que a mi me ostió esta pava hasta hoy han pasado unos 35 años, sumados a 25 que podría tener (igual alguno menos) me sale que ahora tendrá unos 60. Hace no mucho hablé con ella, no se acordaba de mi… como para acordarse: muy simpática y orgullosa de mis logros académicos, no gracias a ella, claro. Fue mi maestra de 1º y 2º de párbulos, me enseñaba a escribir las letras. Rellenábamos un cuaderno copiando gilipolleces. Después pasábamos por la mesa de la maestra que nos los corregía. Si resultaba que te salías de la cuadrícula con la A o la O, te sacudía una ostia. Es decir, una bofetada en toda la geta. Yo volvía siempre a mi asiento llorando, porque por lo visto no metía bien la O en su sitio, y me comía más de dos o tres plastazos por cada corrección. Insisto, 4 y 5 años. No era solo conmigo, creo recordar que nos iluminaba el rostro a todos.

Ahora yo pienso. ¿Qué veneno podía tener esta arpía en la sangre, con veintitantos y recién salida de la universidad o a donde coño fuese a estudiar magisterio, para tener esa furia en el cuerpo? ¡Una chavala de 25, por dios! Que debería estar pensando en que la pusiesen mirando para Cuenca, ¡dándole ostias a niños de 4 y 5 años! Te lo estás inventando, Friktor, eres un exagerado. No, no me invento nada, lo tengo grabado a fuego. Como recuerdo también que en mi primera escuela vimos un día corriendo por el aula una rata, o que mi primo Luisalberto le dijo a mi hermano que unas hierbas que había en el patio de recreo las usaba su madre para cocinar: mi hermano las comió todo confiado y acabó en el médico.

Springfield en los 80 era diferente. M. S. no era la única que calentaba al personal, por lo visto era una tradición. A mi nunca me ostió Filomena, pero tenía fama de tener la mano rápida para cruzar caras. Basilio tenía también reputación de ostiador, había un terror socavado a que te tocase como profesor. Decían que a un niño casi le arranca una oreja un día, y que le dejó una secuela, que tenía una fisura en la oreja, que estaba medio arrancada. Algo de exageración habría, supongo, los niños metíamos IVA a todo, pero sobre un fondo de verdad.

Recibí ostias también por parte de N., la maestra de religión. Imaginaos a una tipa sin ningún atractivo, con pinta de fraile dominico, muy pálida, pelo corto, que te enseñaba el Evangelio a ostias. Preguntenle a Alfredo Carrasco, que siempre fue su enemigo íntimo. Estábamos de dos en dos en clase. Yo estaba con una chica que se llamaba María, mesas unidas, y ella tenía su estuche cerca de mi mesa. No sé por qué puto motivo la chavala se chinó conmigo, diciendo que le había robado un pinturín, cosa absolutamente falsa. Quizás lo hizo otro y no le vio, no sé. Pero yo seguro que no fui. Como si hubiese ya una ley de Violencia de Género en los tiernos ochentas, a nadie le importó si María tenía razón o no, N. vino a por mí sin considerar ninguna presunción de inocencia y me enfiló. Me agarró por los papos tan fuerte, estirándolos y deformándolos que me casó un dolor inmenso, y empezó a sacudir mi cara para atrás y para delante mientras me gritaba en la puta geta: ‘¡qué voy a hacer con este niño!’. Podrías empezar por soltarme los papos, HDP.

Total, los primeros años en el parbulario fueron grises, oscuros, difícilmente podría decir que haya algún recuerdo con color y luz; fueron el postfranquismo total.

CH. Esta zorra sin duda está jubilada ya. Lo digo porque era ya medianamente vieja cuando me dio clase en 1º y 2º de primaria, por lo tanto nació antes que Drácula y hoy estará mas arrugada que la momia de Nefertiri, me cago en su madre. A esta no la ponía a cuatro mirando a Tarifa ni un bereber del Rif, preferiría la cabra. Aquella clase me trae recuerdos brumosos, todos ellos ya en el nuevo colegio de Arturo Dúo. Algunos compañeros de clase fueron ya amigos para toda la vida; otros fueron grandes tontos sin solución ninguna. Y es que, un cohete espacial tiene arreglo, uno que nace tonto no. Allí por ejemplo conocí a A. Cortizo, a José Ignacio y a Colina, que repitieron segundo de EGB, logro solo al alcance de tontos de bandera. Cuando aquello no había educación especial. De haberla habido, esta banda habría sobrepasado el aforo. En aquellos años, Cortizo hizo maldades de las suyas: esconder lapiceros, robar cosas de pequeño valor, enciscar a unos contra otros; y yo pasé un poco levitando entre aquel personal: a José Ignacio, que ha sido toda la vida vecino mío, ni le saludo. De hecho, creo que nunca he cruzado una palabra con él.

Pues en aquella clase, la tal CH. nos sacudía, la cabrona, cuando hacíamos alguna cosa que no le gustaba. Pero tenía un medio eficaz para hacer más daño que la simple bofetada. Te pegaba con el puño cerrado, pero flexionando el dedo corazón para hacer una punta con el nudillo, y con esa punta sacudía. Recuerdo una vez, no sé qué coño hice, que vino como una zorra a por mí, y yo salí pitando y me escondí debajo de una mesa para intentar librarme de su castigo. Pero era inútil. Llegó a mi altura, se agachó para alcanzar debajo de la mesa, y me sacudió en todo el colodrillo con el sistema ya referido, dejando mi cabeza dolorida. Estas zorras HDP usaban su superioridad física para castigarnos, y luego cuando los padres de vez en cuando iban a hablar con ellas para recibir el parte de sus hijos, les decían muy sonrientes: ‘Es un buen niño, un poco movido’. No les decían ‘El chaval escapa, se esconde debajo de la mesa, pero aún así alcanzo a sacudirle’. Me cago en vuestras putas madres.

Estas son, en conclusión, dos zorras que ahora me sonríen y me dicen ‘qué chico tan listo’. Pegar a niños es uno de los actos más abominables que puede cometer un ser humano, HDLGP. Un niño no se puede defender, no sabe muy bien qué coño hace en este mundo, no tiene conocimiento para causar mal deliberadamente. Que una pava salga de magisterio con la mano lista para sacudir a niños de cuatro años me preocupa. ¿Para qué coño te metiste en ese oficio, zorra? ¿Qué coño le ha pasado a lo largo de su vida para llegar a ese punto? ¿Cómo tratan a los animales, a los ancianos? Sois dos auténticas hijas de puta. Tenéis el alma negra.

Deja un comentario