
Desde que publique la otra entrada el otro día, he caído en la cuenta de otra picada rolera de la que tengo que dar noticia, pues se llevó por delante una buena campaña y eso siempre jode. Y aunque mi relación con el picado se ha restituido a la perfección, la campaña se jodió para siempre, y debo decir que era una campaña que tenía muchos años, más de diez y casi quince. Ahora voy a hablar pues, de dos picadas míticas, y dejaré la gran picada de Tarnus con Sven para el final, ya que es la mejor.
Tercer asalto. Hiberlas.

A partir de 2004, se inició la campaña con mejor salud dentro del rol castreño, centrada en Ravenploft. Empezamos jugando en casa de Fran Lanister, y se jugó mucho, hasta llegar aproximadamente a nivel 13 y así. Acabamos aburridos en una campaña que llevó a mi grupo a luchar con una civilización de duergar en el mundo subterráneo. La campaña molaba, pero recibió un golpe letal cuando Hiberlas se picó conmigo, porque a mí me afectó bastante y acabé muy decepcionado del mundo del rol. Uno se curraba aventuras, intentaba hacer las cosas lo mejor posible, y aun así le montaban pollos brutales. Veamos el motivo.
Hiberlas, Genderlan, Nicolae, Zorvan y otros fueron personajes con larguísimas trayectorias. De hecho, yo estuve viviendo fuera de España un año y mantuvimos vivo el fuego del rol haciendo miniaventuras en una página, Heroes D&D, que habíamos hecho gracias a la brujería del Maestro Ninja y donde pirateábamos todo lo que caía en nuestras manos. Luego la dejamos caer, gran error, porque nos dio mucha felicidad allá por los finales de la primera década del siglo XXI. A los PJs de Hiberlas y Genderlan les dediqué una especial atención, pues entraron a formar parte de un gremio de mercaderes en Dementlieu donde se forraron, y acabaron siendo grandes magnates del comercio.
Hubo una aventura, cuando yo ya había vuelto del extranjero, en la que todo saltó por los aires. A Hiderlas le quemaba que le quitase el equipo de objetos mágicos que tenía. Es cierto que se lo quité en varias ocasiones, pero también es cierto que luego no se lo ponía muy difícil para que lo recuperase, o le sacaba objetos para restituirlo. En la última aventura que jugó conmigo viajaron a un reino fascistoide y ultramilitarizado llamado Falkovnia, en el Núcleo de Ravenloft, y estaban avisados de que NO tenían que llamar la atención de las autoridades. Antes lo digo, y antes me la lían.
Entraron en una taberna un poco chunga y la gran idea de Hiberlas fue pagar una cerveza con una moneda de platino. Esto es como, en Springfield, entrar en el ‘Chaval riojano’, mítico bar del hampa springfieldiano, cuyos parroquianos tienen una media de tres ingresos en prisión, y pagas con un billete de quinientos un vino. Más o menos. Los rateros le vieron, se montó el follón, intentaron robarle y, por supuesto, se presentó la patrulla militar de fascistones para apresar a los causantes de la movida. Resultado: Hiberlas en un calabozo y todo su equipo requisado.
La indignación fue épica. ‘Siempre vienes a por mí’, ‘te jode que tengamos objetos’, ‘eres un puto nazi de máster’. Hiberlas era el mejor PJ que haya tenido Bob, antiquísimo, mitiquísimo, muerto y resucitado, pero se picó tanto conmigo que abandonó la partida. Me dejó tirado allí, yo, que solo intentaba que el mundo funcionase conforme a la lógica, y que no pretendía robarle los objetos para siempre, solo darle una lección por imprudente. Me sentó fatal.
La campaña continuó unas sesiones más, pero ya estaba arruinada, porque Hiberlas tenía mucho carisma y da por saco jugar sin uno de los pejotas fundamentales de la historia. Así que finalmente me rallé y unas sesiones más tarde se acabó. Al loro: esta campaña, de la que algún día hablaré, tuvo escenarios guapísimos en Sanguinia, Pharazia, Vorostokov, Dementlieu y Markovia, hasta el último en Hazlan. Hay hasta un vídeo bestial de un torneo a muerte cuyo protagonista fue el nunca lo suficientemente celebrado Bognar, el gran bárbaro de Crom. Me la curré un webo, porque tenía una línea general pensada que llegaría a su final, con la salvación de los pejotas de las brumas de Ravenploft al llegar al nivel 20 en una aventura bestial. Pero no pudo ser.
Ahora ya somos viejos. Los pejotas se quedaron en Ravenloft, a joderse todos.
Cuarto asalto. Tarnus.

Las picadas con Tarnus han sido recurrentes en el rol a lo largo de la vida. Fueron varias, pero la que mejor recuerdo es esta. Debo reconocer que parte de la culpa fue por lo hijo de putas que somos cuando estamos jugando, y la mofa y befa que hacemos de aquellos que sufren alguna putada gorda en su pejota. Ahora lo entenderéis. Me la juego a que casi todos se han olvidado. Yo no.
El caso es que, en aquella ocasión, Tarnus jugaba con un pejota templario llegado de nuestro mundo a través de las brumas de Ravenploft, llamado Don Armando de la Cruz. Fue también un pejota mítico, una pena que se jodiese aquel día. Ya no volvió a jugar.
Creo que estábamos jugando una aventura en la que se internaban en ríos de lava en algún escenario subterráneo. De esto puede que hagan quince o más años. Estábamos en el choco de Zevo, y a don Armando le atacó una araña singular que chupaba niveles. Cuando salían bichos que chupaban niveles (en la segunda edición) la fiesta de todos era brutal. Era la mayor putada para un pejota, siempre ansioso por ganar nivel, con un ansia que superaba a la del tío Gilito por embolsar dinero. En la segunda costaba mucho ganar nivel, y que te lo quitasen era un putadón, pues te dejaba al principio de la experiencia del nivel anterior. Hacerle eso a un pejota era garantía de bronca, pero no todos lo llevaban mal. La araña mordió a don Armando, y se tiraron dados para la tirada de resistencia. Cuando la tirada era de vida o muerte o de chupar nivel, mis pejotas aporreaban la mesa como borrachos desfasados por la felicidad, mientras el sufriente se comía los webos pensando que estaba jodido, con los nervios y la angustia devorándole. El dado cayó sobre la mesa, los golpes no cesaron y provocaron que tardase en estabilizarse. Falló la tirada.
Fiesta pagana a muerte. Todo el mundo celebrando con risas sádicas la desgracia ajena, movida bestial con don Armando. Después decaimiento y dolor, pues todo había sido limpio y justo, y mi parecer no había mediado en su desgracia, como en el caso de Hiberlas. Nivel chupado. La movida gorda vino tres turnos después.
Porque tres turnos después, don Armando recordó que luchaba con una espada de velocidad, que te da la iniciativa ganada automáticamente, y no se había acordado. Si hubiese recordado eso, habría actuado primero y todo podía haber sido distinto. Gran movidón de repente. Armando se había estado comiendo los sesos sobre como impugnar la chupada de nivel, y había encontrado el casus belli perfecto. Pero desde hacía tiempo jugábamos con la regla de que no se retrocedía en turnos si se te olvidaba algún poder o algo. Si eso pasaba, era culpa tuya por no estar atento, y a otra cosa. Yo invoqué esa regla no escrita, y la picada aumentó hasta el punto que Tarnus se largó cabreado y nos dejó allí.
Creo que aquella campaña de Ravenploft se jodió también aquel día, y tenía ya su andadura. Eso fue porque a mí también se me inflaron la pelotas, porque si como máster tienes que hacer cumplir las reglas y todo el mundo solo piensa en su beneficio, y los otros pejotas no te respaldan cuando intentas hacer cumplir un compromiso de todos, es imposible jugar de una manera razonable. Así que no jodimos todos.
Y esos son los dos casos de hoy. El próximo es el mejor y más maravilloso, y para mí el más divertido, pues yo no estoy involucrado. La movida entre Sven y Tarnus que casi acaba en ostias. ¡No os la perdáis!








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