Entre los lugares eternos en nuestros corazones, hay un puñado especialmente importante para el rol y nuestras adolescencias absurdas. He hablado de alguno ya, el txoco de Zevo, el Sputnik… hoy le dedicaré una entrada al mítico y nunca suficientemente vindicado Bareto. Hagamos un poco de memoria e intentemos ajustar alguna fecha.

El Bareto era un local en la calle la Rúa que pertenecía a la familia del villano de Castro número uno, es decir, Txelo de Castro, alias MadMardigan, alias Sir Bowen, alias Zorvan. Creo que antes de que nosotros jugásemos a rol en él, tuvieron allí una tienda, pero yo era demasiado pequeño y no la conocí. La primera vez que estuve en el Bareto no la olvidaré nunca, fue épica.

La primera vez que entré en el Bareto, las paredes eran algo así.

Para empezar, nunca había visto tanta telaraña junta, aquello era un verdadero zoológico para los amantes de los arácnidos. Si llegabas a perder el conocimiento allí dentro, despertarías envuelto en tela de araña y con los bichos dispuestos a empezar a comerte. Tenías que moverte con cuidado, o te comías una o dos arañas de las que colgaban por todos lados. Debieron tenerlo vacío bastantes años desde que cerraron la tienda, hasta el punto que las arañas encontraron su hogar perfecto.

Además de las arañas, si ibas al fondo había un par de rincones que posteriormente fueron los baños de un local de copas. En el de la izquierda recuerdo que guardaban conejos. ¿Sabéis lo mal que huelen los conejos a los que no se lava diariamente? Pues aquella familia conejil debía llevar siglos sin bañarse. Txelo, ¿qué coño hacían aquellos conejos allí? Hoy en día te empapelarían los ecologistas, pero cuando aquello nadie salía en defensa de los conejos ni otros chinches.

Mítico Dragon Strike. Txelo decía que las fichas de los pejotas (que tenían retratos de modelos reales) parecían actores porno. Cogía la ficha del bárbaro y de la ladrona y empezaba a frotarlas y a decir groserías. Segunda adolescencia.

El tío de Txelo, el gran Txutxo, limpió todo aquello y lo dejó más presentable. Encontramos un buen cubil para jugar a rol, cuando fallaba el txoco de maese Zevo, del que hablaré. Con una mesa y unas sillas, allí jugamos a todo, digo A TODO. ¿Debió ser a principios de los dosmiles? ¿Finales de los noventa? Ayuda, Txelo. Sí sé que algunas aventuras de la campaña de Ravenloft se jugaron allí, por tanto, primera década del siglo, no puedo especificar más. Pero allí jugamos: a Dungeons&Dragons: Ravenloft, Forgotten, ¿Dark Sun?; al Dragon Strike de Txelo, una especie de Heroquest; a un juego que me inventé yo entre Heroquest y rol; a pachangas varias; allí jugué la aventura más infame de mi vida, Hamanu la recuerda bien. Se jugaba todos los días. Cuando te aburrías en casa, bajabas al Bareto, seguro que había alguien jugando a rol, daba igual a qué. Casi siempre andaba Txelo por allí, y si no había partida, nos la inventábamos. Era nuestro lugar de reunión en aquella feliz época. Recuerdo asomar a la puerta para ver en la calle a la Lucre pegándose con otra asquerosa, y a Txelo escondido desde el umbral chotándose de Manuel, el profe nazi de gimnasia, ‘Manueeeel… Manueeeel…’ le decía.

Luego lo abrieron como bareto por las noches los fines de semana, y cuando nos íbamos de jugar a rol, volvíamos a tomar algo. Una maravilla. Recuerdo que hasta pusieron una barra para bailar, no lo recuerdo bien, pero molaba. Allí hubo momentos maravillosos. Recuerdo que un día jugábamos a Ravenploft y siempre solían entrar borrachos y gente perdida a pedir cervezas o a curiosear, y Txelo los despachaba, ‘¡Está cerrado!’ les decía. El borracho le decía, ‘¡Que solo vengo a tomar una cerveza!’. y Txelo le insistía, ‘¡Pero está cerrado!’. ‘Dame una cerveza y me voy’ intentaba negociar el curda. Un recuerdo indispensable; se fue encabronado, haciendo eses. Pero un día vino Javi Patiño y eso eran palabras mayores, a ese no se le podía echar, bajo riesgo de nuestras vidas. Nos dijo que venía de robar unas peras, entró y se acomodó, viendo como jugábamos. Llegado un momento, ocurrió algo glorioso: viendo el hermanamiento y fraternidad entre los jugones del rol, nos preguntó ‘si nos dábamos por culo’, que si nos dábamos por culo él se iba; le aclaramos rápidamente que no, que jugar a rol era otra cosa. Se tranquilizó, creo.

Vieja en su octava adolescencia.

Y así transcurrieron años de felicidad rolera. No recuerdo cuando lo cerraron. No tenía licencia para bar, y desde aquel momento quedó clausurado. Yo me fui de España en 2009, creo que cuando aquello el Bareto ya era historia. No lo sé, espero que Txelo aporte fechas. En cualquier caso, su cierre, después del Sputnik, fue otro golpe letal a nuestras juventudes. Nuestra adolescencia terminó en el Sputnik, y nuestra segunda adolescencia, en el Bareto. Yo viví una tercera adolescencia en 2011, al volver de Dinamarca, quizás la más gozosa, pues fue al lado de dos tías buenas más jóvenes y juntos nos reímos hasta echar las tripas, pero esa es otra historia y no es rolera. Si alguna de ellas lee esto se cagará en mis muertos. Ahora tienen hijos ya y la hostia. Yo ahora estoy viviendo la cuarta. Fuck you.

Una respuesta a «El Bareto»

  1. […] o físico nuclear. El caso es que ese nuevo Heroquest fue muy jugado por mis frikis en el Bareto, el bar pirata de Txelo de Castro. Allí nos reuníamos todos los días, y evidentemente no siempre […]

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