Buenas. Había pensado añadir estos momentos gloriosos en el apartado de Enemigos Íntimos, pero como hay otras situaciones comprometidas que no terminaron exactamente en una enemistad eterna como la mía con A. el Cabezón, era necesario crear este nuevo apartado para la posteridad. Veréis que estos dos fueron a la vez absurdos y desternillantes. Disfrutad.

Wild Eric agrede a Charli

Esto ocurrió en el txoco de Zevo, y yo fui testigo presencial. Jugábamos la campaña de Dark Sun de Hamanu de Uric, unas jornadas en las que la tensión siempre andaba a flor de piel. ¿Por qué? Porque amábamos a nuestros personajes como a nosotros mismos, y paralelamente sabíamos que Hamanu era un cabrón y no tenía piedad al soltar el hachazo. La campaña estaba siendo muy guapa, el riesgo, al máximo. Nadie quería faltar, la muerte no era una opción, pero estaba siempre muy presente. Yo jugaba con mi incombustible clérigo halfling Urguin As’Nimieth, un cabronazo legal bueno que podía fácilmente romperte el cráneo por la causa de la bondad. Pero no tuve protagonismo en aquel hilarante disparate.

Wild Eric, alias Tarnus, era un cabronazo mago salvaje inspirado en el nunca lo suficientemente aplaudido Dark Schneider, el protagonista del comic Bastard!. Si conocéis un poco Bastard! identificaréis a Dark Schneider como el mago cabrón, malvado, mujeriego y megalómano. Pues ese era Wild Eric. La broma de la magia salvaje era que tu tirabas conjuros y siempre había una pequeña posibilidad de ‘Oleada salvaje’ que significaba que desatabas poderes mágicos inesperados con efectos no siempre deseables. Muchas veces, cuando pasaba, nos hacía gracia. Pero aquel día desató la locura.

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Wild Eric era un mago salvaje cabroncete, inspirado en el maravilloso Dark Schneider, y por aquella época protagonizó grandes momentos, como el mítico ‘Estoy en Urik’ que todavía hoy se recuerda.

Charli, alias Wolframius Rostrum, alias Fistandantilus, alias Raistlin, llevaba un bribón caquitas que tiraba flechas como Cupido. En ese momento estábamos peleando con unos pavos y los teníamos medianamente enfilados, lo que no quitó para que Wild Eric les tirara un conjuro, no sé, proyectil mágico o alguna otra cosa. Se lo tiró a uno de los enemigos, un bandido o algo de eso. El tío estaba casi frito ya pero, en vez de salir el proyectil, ¡zaca! oleada salvaje. ¿Resultado? ¡El alma de Wild Eric se transfería al moribundo bandidillo, y la del bandido a Wild Eric! Movidón. Si mataban al bandido, Wild Eric moría. Tarnus, alias Wild Eric, se subía por las paredes del txoco en trance y se arrancaba las barbas enloquecido. Porque el siguiente en actuar era Wolframius, que ya había manifestado su deseo de tirarle una flecha al bandido. Locura. Frenesí. Barbarie. La flecha podía matar al bandido, por tanto, a Wild Eric. Tarnus reptaba por el suelo y subía al techo enloquecido, ‘¡no dispares que me matas, cabrón’ le decía. Pero muy tranquilo, como dominando la escena, Wolframius señalaba, interpretando a su pejota, que él no sabía lo que había ocurrido, y seguía con su intención inicial, que era disparar el arco. Choteo de todos, risas brutales. Tarnus, echo berserker, se lanzó a por Wolframius en la vida real, le tomó por la pechera y le levantó en el aire contra la pared del txoco, prometiendo matarle si disparaba la flecha. Pero matarle de verdad, nada de pejotas ni ostias. Wolframius sonreía y decía que su pejota no sabía nada, y no le faltaba algo de razón. Por otro lado, seguramente Fistandantilus quería ejecutar a Wild Eric en su fuero interno, pues era un cabronazo como pejota.

No recuerdo bien cómo terminó aquella fiesta, sí sé que al final no lo mató y Wild Eric volvió a su cuerpo, pero seguramente Tarnus entrará por aquí y nos explicará como fue la conclusión de aquel feliz malentendido. Esta mandanga ha sido por mucho tiempo un momento eterno que siempre recordamos en Springfield con felicidad, pues nunca se había llegado a ese nivel de abstracción, hasta el punto casi de volvernos ‘los asesinos del rol de Springfield’. Como veremos, solo uno superó aquella locura…

Bognar, alias Crom, mentiras arriesgadas, superando todas las marcas

Aquel día estábamos jugando en casa de Fran Lanister, la campaña de Ravenloft de Peregrinos de las Brumas de la que vengo hablando estos días pasados. Su protagonista principal, Crom, alias Groo, alias Bognar, alias Oméride. El problema con Crom es que solía mentirnos cuando no quería venir a jugar, y lo liaba todo, y luego se enfurecía con nosotros cuando el que lo había enredado era él. Ejemplos hay muchos. Pero yo me voy a centrar en el de aquel día feliz.

Enfurecer a un bárbaro nunca fue buena idea. Crom era especialista en pasarse de rosca, una situación a la par supergraciosa y arriesgada.

Resulta que ya habíamos quedado para jugar y cuando ya estábamos reunidos, un mensaje de Crom nos decía que estaba enfermo y no podía venir. Putada, porque Crom tenía de pejota a Bognar, y ese el bárbaro era un ciclón de hostias imprescindible para la partida. Tristeza, tribulación, pesadumbre. Pero MadMardigan, alias Sir Bowen, alias Zorvan, siempre se ha caracterizado por ser un cabroncete, y no se quedó tranquilo. Así que, dispuesto a desenmascarar al trolero, llamó a la madre para interesarse por la salud del gran Crom de las Islas del Hierro. Y la madre le dijo que no, que estaba muy bien, que se había ido a San Mamés al partido del Athletic. Indignación, rabia de todos. Así que MadMardigan pensó en liarlo todo más aún, y llamó ahora al Crom, diciéndole algo así como: ‘¡Crom carota! ¡Que te hemos visto en la tele! ¡En la grada en el partido del Athletic!’. Furia, ira, sinrazón del descubierto en mentira. Juramentos como chinos. Indignación e irritación, pasada de rosca total; MadMardigan no tenía suficiente, llevaba la broma a nuevos niveles, aprovechando que el bárbaro estaba lejos: ‘Vamos a sacar tu pejota como penejota y le vamos a llevar a lo loco, a ver si te le matan’ le dijo. El móvil no podía con la carga de vírgenes, santos e hijos de prostitutas, iba a explotar.

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MadMardigan siempre fue un genio inflándole las bolas a los santos, así que imaginaros a Crom, que venía ya caliente de serie.

Seguimos jugando tranquilamente cuando se colgó el teléfono, y sacamos a Bognar de penejota para poder jugar, la verdad es que recibió mil hostias, porque estos, que lo manejaban, lo llevaban sin ningún cuidado comiéndose trampas y todo. No esperaban lo que ocurrió unos minutos más tarde. Porque Crom, enloquecido, y después de tomarse la poción de acelerar, vino como flash, llevado en volandas por las vírgenes y los santos, y se presentó en casa de Fran Lanister dispuesto a todo. Incluso a matarnos.

Recuerdo que entró furibundo tirando cosas por el suelo y mentando a nuestras madres y muertos, y cuando vio que al pejota le quedaban solo diez puntos de vida debido al maltrato al que le habían sometido, lanzó la hoja de pejota por el suelo y siguió con la retahíla de maldiciones e insultos sin control, sorteándose una hostia para el que abriese la boca diciéndole algo. Y las hostias de Crom eran de nivel épico.

Me imagino a Sir Bowen disfrutando de la pasada de rosca de Crom, sonrisita incluida. Y es que las pasadas de rosca de Bognar siempre han sido épicas, y merecen ser narradas, y hasta que se compongan versos y estrofas. Luego se sumó a la partida y se le fue pasando: ‘Venga Crom, que te curo’ le diría el clérigo. Y se calmó. Pero la cumbre de la ira desatada no tuvo precio, y todo lo había provocado él con sus mentiras. Los que estuvimos allí nos jugamos la vida, pero visto en la distancia fue brutal.

3 respuestas a «Momentos gloriosos (I)»

  1. La de Wild Eric me acuerdo cómo si fuese ayer, es uno de los momentos cumbre del rol en Castro. Añado más detalles, estábamos persiguiendo a un semielfo bandido que queríamos capturar, se llamaba Gaster Feloran. Wild Eric, tras sobornar a un tabernero con una preciada moneda de oro, nos señaló quién era en la taberna en la que lo buscábamos (sabíamos que estaba en esa taberna pero no sabíamos quien era). Gaster Feloran salió corriendo a toda leche en cuanto vio que le íbamos a echar el guante.

    Como nos oliamos algo así, el PJ de Wolframius, un elfo ladrón, acechaba en un tejado. Yo lancé un proyectil mágico para ablandar a Gaster, pero recuerda que había que hacer una tirada de 5% de oleada salvaje y ahí se jodió todo cuando me salió el cambio de cuerpo, de entre todos los efectos posibles.

    Todo lo demás es tal cual dices, es de las pocas veces que he perdido el control de mí mismo, dije auténticas locuras…

    Recuerdo que interpretaba la situación y chilaba desde el cuerpo de Gaster «que soy Wild Eric!! Que soy Wild Eric!!» Jajaj. Pero Fistandantilus apretaba porque quería joderme. Ten en cuenta que Gaster tenía unos 6 o 7 puntos de vida y Fistan me podía matar de un solo flechazo, así que le amenacé con los mil infiernos, me puse loquísimo.

    Curiosamente la magia salvaje salió bien porque cuando Fistan me vio desencajado y cesó en su intento de asesinato, solo tuvimos que atarme y dejar que pasase el efecto XD

    PD: lo de «yo estoy en Urik» lo decimos todavía mi hermano y yo

    1. Todavía tengo otro Momento Glorioso que contar, el del pozo de serpientes, cuando jodiste el personaje de Charli; no se si era el mismo PJ ladrón, pero necesito que me des detalles estos días para que la entrada sea lo más cercana posible a la realidad.

      1. Sí, era el mismo. Su ladrón elfo de «ojos gatunos». Ya te contaré los detalles luego. Y de un día glorioso que Groo arremetió contra mí en el mundo real.

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