Venga hoy con dos momentos gloriosos llenos de maravilla, que implican a dos de los satélites más grandiosos de Springfield: Txelo de Castro y Tarnus, alias Wild Eric. Son dos momentos tan hilarantes que no pueden olvidarse, aunque ayer tuvo que refrescarme la memoria Tarnus, y respecto a Txelo mantenía memorias personales y tengo por aquí la estupenda aventura donde le di pasaje al otro mundo.

Txelo de Castro y su clérigo patético

Decir Txelo de Castro y decir clérigo es como decir agua y aceite, no se llevan. No sé por qué el gran Sin Bowen se hizo un clérigo, de una deidad relacionada con el tiempo que no sé de donde salió, pero no le pegaba una mierda. Había nacido para morir. Pero no murió, nunca murió, sigue vivo.

Estábamos jugando el módulo de Ravenploft ‘Servants of Darkness’, y en un momento los pejotas tienen que negociar con los lores del dominio de Tepest para obtener un objeto mágico y continuar la aventura. Los lores de Tepest son tres brujas hermanas y malvadas a muerte que tienen malas pulgas, y viven en una cabaña en medio de un bosque. Las brujas, en su hogar, tienen una mesa y sobre ella hay un goblin sin piernas ni brazos, en medio de una fuente, y se lo están comiendo. El goblin se mueve y gruñe en terrible aflicción, ¡porque todavía está vivo! Los héroes tiene que entregarle a las zorras un anillo de regeneración a cambio de la Tintura de Medianoche, un objeto mágico necesario para completar la aventura. El caso es que, después darles el anillo, no sé qué coño pasó, que se montó la pajarraca.

Algo hicieron que encabronaron a las zorras, y se inició un combate con ellas, bastante desigual para los pejotas, pues estas tres perras eran las cherif del dominio. Total, que ganaron la iniciativa mis pejotas y su estrategia era salir pitando como si no hubiese mañana, y la pusieron en práctica. El caso es que el pejota de Zevo (¿pudo ser Jarred o este pejota fue posterior?) ganó la iniciativa por delante del clerigucho patético de Txelo, que quedó más rezagado. Y Zevo no tuvo mejor idea que salir como un misil de allí dentro y bloquear la puerta para que las hermanas no pudiesen salir tras de ellos. Con un detalle: Txelo todavía no había actuado y estaba dentro.

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Estas son las tres zorras que todavía hoy se están comiendo al clérigo de Txelo de Castro, por la traición incalificable de sus antiguos compañeros de grupo. No nos olvidamos de que todavía estás vivo, como te llames.

Cuando le tocó el turno a Txelo, intentó escapar, pero la puerta estaba bloqueadísima y no pudo huir. Las zorras le pillaron y decidieron volcar toda su rabia en él, a la vista de que los otros habían escapado. Le pusieron el anillo de regeneración y empezaron a comérsele, y se le comen todos los días, pues lo que zampan por el día se regenera a la noche, así el curilla infame de Txelo día tras día experimenta el infierno más absoluto, y ya debe llevar veinte años, todavía no ha muerto. Sus compañeros tampoco fueron a rescatarle después, y han tenido tiempo… Ten amigos para eso.

Wild Eric mata a Charli en una actuación de lo más ruin de la Historia

La relación entre Wild Eric y el ladronzuelo semielfo de Wolframius Rostrum era complicada. Seguro que todavía recordáis que en la otra entrada momentos gloriosos mencioné que Wild Eric estuvo a punto de pegar en el mundo real a Charli por una confusión tras una oleada salvaje. Las relaciones no fueron a mejor.

Este podría ser el malvado Wild Eric preparando un proyectil mágico para lanzarte a ti si le molestas.

El caso es que Hamanu de Urik, en la campaña de Dark Sun, era un poco cabroncete, y por algún tipo de movida Wild Erik acabó enfrentado a Wolframius (no recuerdo el nombre del pejota de Charli) en un certamen a muerte. Consistía en que los dos estaban atados por una cuerda, a ambos lados de un pozo lleno de serpientes, y debían tirar de la cuerda hasta que uno de los dos cayese al pozo. Eran tiradas de fuerza enfrentadas, el que acumulase cinco éxitos tiraba al otro al pozo, un poco como los penalties en el mundial. Charli tenía algo más de fuerza que Wild Eric, pero aun así quiso ser buena persona y le dijo a Wild Eric con dos cojones, ‘Saltemos los dos al pozo y afrontemos la lucha contra las serpientes juntos’. En eso, como le jodían la fiesta a Hamanu si hacían tal cosa, el máster les dijo que las serpientes eran venenosas y morirían los dos. De tal manera que Wild Eric rechazó el pacto.

Empezaron a tirar de la cuerda y, sorprendentemente, el ladronucho empezó a ganar. Charli lo festejaba, pues odiaba secretamente a Wild Eric. Matarlo no le parecía tan mal. Pero Wild Eric no iba a aceptar morir sin antes recurrir a sus malas artes. Y es que tenían memorizados un buen número de proyectiles mágicos, y no tenía problema en usarlos contra un amigo si eso le garantizaba salvar el culo. Al principio, cuando Charli ganaba un asalto de tirar de la cuerda, le metía una ráfaga para reblandecerle. Pero el cabrón de Wolframius no se rendía, tiraba de la cuerda y seguía sacando ventaja, así que ráfaga. Hamanu disfrutaba como un niño con zapatos nuevos, todos nos descojonábamos del desfase y de la inquina de Wild Eric. Pero Wild Eric siempre había sido un cabrón, no iba a hacer otra cosa. Era Dark Schneider: un bastardo.

El semielfucho de Charli duró poco en manos de Wild Eric, que lo fusiló sin miramientos para salvar su pellejo como buen traidorzuelo.

Los pies de Wild Eric al borde del precipicio, soltaban un polvillo que caía sobre mil serpientes, más abajo. O tiraba o moría. Última ráfaga de proyectiles mágicos. Nadie, al final, cayó al pozo. El semielfo ladronucho de Charli murió de los ataques de Wild Eric con proyectiles mágicos, no mordido por serpientes. El placer de Hamanu no tenía fronteras, era sublime. Wild Eric se salvó, pero mató a Fistandantilus sin remordimientos. Hoy en día lo cuenta descojonándose. Han pasado más de veinte años, pero no lo olvidamos. Entonces, el máster nazi dijo que no tenían por qué haber acabado así, que podían haber saltado y peleado con las serpientes, que no eran venenosas. Es lo que Tarnus llama metajuego, dar informaciones contradictorias para condicionar las decisiones de los pejotas. Primero les dijo que sí, luego que no. Y, como resultado, Charli muerto. Hay otra anécdota de Wild Eric donde el gran Bognar, alias Grro, estuvo a punto de darle una ostia. Pero eso será en otra entrada.

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