La tercera campaña de Peregrinos de las Brumas fue un momento maravilloso en nuestras vidas roleras. Creo que puedo apuntar con cierta precisión las fechas, pues recuerdo que estando yo en Dinamarca entre 2009-10, tenía los papeles de la aventura encima de la mesa en mi apartamento de aquel país remoto y plagado de peligros, por tanto, eso es un argumento ante quem para suponer nuestras tronchantes andanzas fueron en 2009 o antes.
En este caso nos fuimos hasta el dominio de Ali’kir, hasta donde les llevaron las Brumas a mis frikis, un territorio gobernado por un simpático demonio alado llamado Diámabel.
En aquel tiempo fuimos privilegiados de poder jugar en una casa que tenía el gran Torkol, alias Bognar, alias Crom, alquilada en la zona vieja de Springfield, donde jugamos varias sesiones y casi echamos el hígado por la boca de las risas. Aquello era un feliz disparate, nos enseñó multitud de sustancias de las que no son legales, y como a Crom lo legal le causaba urticaria, tenía una enorme caja de cartón llena de cientos o miles de pelis porno pirateadas en CDs, y nos enseñaba las carátulas lanzando al aire grandes y jocosas carcajadas del que se sabe grande. Un día jugando no sé por qué salimos de la casa y Torkol se dio cuenta ya en la calle que se había dejado las llaves en casa. No hay problema. Cogió una botella de plástico, la recortó con unas tijeras que pidió en un garito, y como un vulgar ratero, ¡ras, ras! la metió por la ranura de la puerta y empezó a darle ¡zaca zaca! ¡hasta que la puerta se abrió! No os voy a dar detalles de como lo hizo, no sea que aprendáis a robar en inmuebles.

Lo cierto en la post-partida de una de las sesiones tuvo lugar un momento de los que no vuelven a repetirse en la vida. Ese día, después de una aventura en un dungeon donde pelearon con un dios mitad hombre-mitad escorpión, Mad Mardigan, es decir, Txelo de Castro, es decir, Zorvan, descubrió por una profecía que él era el destinado a condenar, a la tribu de beduinos que les estaba ayudando, a la destrucción. Pues bien, ese día llegaron al final de un dungeon importante y había tesoritos, cositas, que provocaron un inmenso revuelo, y las risas fueron ensordecedoras.

El tesoro más gordo fueron unos brazales de defensa +3, que eran una cosa guapa para lo que suelo sacar yo. También había unos guantes de destreza +2, que no estaban nada mal. Torkol, alias Crom, alias Bran Chupagemas, llevaba un bárbaro llamado Bognar que no usaba armadura. Iba a pecho. Por eso yo me inventé una dote de la tercera que llamé Piel de Oso, y que le mejoraba la CA mientras no llevase armadura. Pero aún así su CA era baja. Él se mataba con la razón de que su bárbaro necesitaba los brazales, que yo, es decir, el plaster, los había sacado para él (NOTA DE PLASTER: yo no saco nada para nadie, las cosas salen y allá se arreglen ellos). No hubo forma. Los brazales se los quedó Odri, alias Hiberlas; Crom se subía por las paredes de indignación y rabia. Entonces tocaba entregar los guantes que, dando +2 a la Destreza, suponían un +1 a la CA. Bognar pensaba que no había otra alternativa que llevárselos él. Pero se equivocaba.
No sé por qué peregrina carambola el grupo decidió que se los llevase Cucas, una especie de halfling que casi nunca venía a jugar y realmente no era un apasionado del rol. Para que actuase había que decirle ‘Jorge tira los dados’ para que hiciese algo, y al PJ lo llamaba ‘muñeco’. Es decir, pasaba bastante de todo, pero no le hacía ascos a un objeto. Mientras se apuntaba en su hoja (escrita a boli, lo que ya nos parece una falta de respeto al rol) los guantes, Bognar le miraba con odio. Más adelante confesó que estuvo a punto de darle una ostia, pero se contuvo. Con Bognar había que tener cuidado, era un bárbaro de verdad. Aquel día fue maravilloso.

Por aquellos maravillosos años, Crom trabajaba en un bar llamado ‘La Radio’, donde un día le partió la cara a Lucre por meterse con su madre. ‘Le saqué a ostias del bar’ dijo él. Allí también jugamos una vez a Cthulhu, y a mi me encantaba el sitio. Incluso hice un comic que seguro que anda por ahí, del primo de uno de los que jugábamos que vino escandalosamente borracho, casi arrastrándose, se puso a dar golpes en la puerta que estaba cerrada, pidiendo por favor que le diésemos agua, ‘¡dadme agua, por favor!’ suplicaba. Fue maravilloso. No recuerdo lo que ocurrió, sí sé que Crom no podía abrir porque teníamos la regla rigurosísima de que nada de amigos durante las partidas de rol, pero el sediento no hacía más que suplicar desde fuera que le diésemos agua, ‘¡tengo sed, tíos, dadme agua!’ recuerdo que aullaba angustiado. Entonces Bognar me preguntó si podía dársela por la ventana o algo así, y yo transigí, y como no recuerdo lo que ocurrió finalmente pero sí recuerdo el comic que hice (el comic como documento histórico) parece que Torkol hacía fluir el agua de una botella por el cristal del bar y el borracho bebía chupando dicho cristal. Uno de los momentos épicos del bar ‘La Radio’.
Pero quería contar lo que ocurrió cuando salimos de la partida, tras el reparto de los objetos, y fuimos el Maestro Ninja y yo al bar para tomarnos algo con Crom y comentar la jugada. Nos emborrachamos bastante, porque nos invitaba a copas, y yo al menos no estaba acostumbrado. Crom estaba allí con su fiel mascota, Morgan, al que yo he devuelto a la vida en una novela que he terminado de escribir este año. Pues bien, todos bastante borrachos, Crom feliz de tenernos en su bar, el perro que era inquieto, y la noche que empezaba, aquello se nos fue de las manos. Primero se subió a Morgan al hombro (era un perro más bien pequeño) y empezaron a aullar los dos, pero no podéis imaginaros cómo Morgan le seguía el juego, con qué sentimiento. Crom estuvo toda la velada quejándose de que el grupo no le entendía, que tenía poca CA, que los brazales eran para él, que Cucas era un mindundi, que no hay derecho… Luego, entre chupito y chupito de whisky, empezó a detallarnos en qué posturas ponía a su novia para zumbarla, ‘que si de esta manera’, ‘que si abro por aquí’, ‘que si meto por allá’ hasta que cruje, que si ‘¡zaca! ¡zaca!’ que si la doblo así, que si tantas patas, si duro por aquí, que si blando por allá. Debo recordar que nuestro amigo es el mago de las tías. Esa noche reímos todo lo que está permitido y dios consiente. Nos fuimos de ‘La Radio’ con él por el pueblo, y ya no recuerdo que más pasó, quizás el Maestro Ninja sepa algo más. Que lo diga si se atreve, o calle para siempre. Si que recuerdo que ese día o por esas fechas, un tonto de Springfield al que llamaban Rockie le pegó un puñetazo a una chavala que venía con nosotros a clase, M. R., y Crom se fue a buscar al tal Rockie y le dio una paliza salvaje. Justicia, lo llaman: darle a cada cual lo que se merece. Larga vida al rey. Larga vida a Crom.
Esos son mis recuerdos más frescos de aquella tercera campaña de Ravenloft. Zorvan, por su traición a los beduinos, se convirtió en PNJ, y los demás fueron absorbidos por las nieblas y trasladados a otro dominio, creo que Vorostokov, donde tuvo lugar las cuarta campaña, que dio también para tallar mármoles. Pero eso será en otra entrada. Espero que os haya gustado este maravilloso derroche de Historia de España.







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