Hola frikinavegantes. Tenía ganas de escribir algún momento glorioso del último feliz año de roleo en el último año del instituto. Añadiré otro magnífico del que ya hablé en el pasado, correspondiente de 2012, fue tronchante. Y básicamente me limitaré a consignar los resquicios desordenados de aquella época de locura en mi cabeza, más que nada para que no se me olviden y pasen a engrosar los recuerdos perdidos de la humanidad, que deben ser inmensos.
Crom ataca a Madmardigan con brutalidad

Los años de 1999-2000 fueron difíciles para mí; también fueron mi época de mayor felicidad. Como ya sabréis los que tenéis un poco de edad y de memoria, España se fue a tomar por culo desde que empezó en siglo XXI. Pero no quiero hacer una crónica de los desastres nacionales sino de cosas que merecen ser recordadas y escritas, y hasta grabadas en mármoles y bronces. Lo malo merece recordarse para evitar repetirlo, solo para eso. Pero los libros de historia darán noticia de nuestro último período de decadencia como españoles, que será recordada y hasta vilipendiada por la gente cabal. Yo me limitaré a hablar de los desaguisados de mi entorno, que no fueron pocos.
A finales del siglo XX éramos asiduos a mi siempre añorado Sputnik. Quería consignar lo importante que ha sido y sigue siendo Bognar en la historia de Springfield, y ciertas cosas merecen ser escritas para que nunca se olviden, pues allí cerca había un rincón en un patio entre manzanas donde el gran Crom encontró el sancta sanctorum de la ausencia escolar. Crom era un nombre que ya usábamos por aquella época: las más de las veces le daba igual, pero según quién se lo llamase podías cabrearle. Recuerdo un día que un springfieldiano llamado, digamos Valle, escribió ‘Crom’ en la pizarra del insti, creo acordarme que al lado de un dibujo que había hecho Txelo de Castro, una especie de cabeza grotesca e informe a la que añadía granos por la cara para hacerla más injuriosa; por supuesto el malvado Txelo quería representar al insigne bermenano. Cuando Crom llegó a clase y lo vio, se engoriló mucho, ‘¿quién ha sido? ¿quién ha sido?’, preguntaba, para poder ostiar al responsable. No recuerdo que alumbrase a Valle, pero cuando vio a Crom indagando para encontrar al ofensor, se hizo pequeñito como un átomo hasta casi desaparecer, y se quedó mudo como una tumba egipcia de la XXVII dinastía. No le duró mucho: Valle hoy ocupa el triple de espacio de lo que ocupaba entonces, si lo inflásemos metiéndole una válvula por el culo podría eclipsar el sol. Creo que a Crom se le pasó después, como cuando distraes la atención de un perro que está embrutecido por algo. Bueno, el caso es que mi buen amigo Crom encontró un sancta sanctorum del mal, un refugio al que aspira todo fugitivo de la responsabilidad en esa época que media entre los 17 y los 18. Yo no sabía que el rincón lo había descubierto Crom, me lo dijo hace poco el dilecto springfieldiano A. C., y más de veinte años después en ese escondite todavía se ven adolescentes fumando porros y escapando de sus obligaciones. Son los diádocos de Crom, los últimos epígonos de su alma tunante. Si supiesen quién fue su padre en la infamia, lo adorarían como hebreos al becerro de oro. Crom fue el descubridor, fue el Cristóbal Colón del rinconcito de los calaveras, el Piteas de los irresponsables y crápulas. Era el rincón perfecto para fumar petardos. Cuenta la leyenda, que yo creo a pies juntillas, que Crom vendió los libros del instituto para comprar costo y marihuana para los porros. Para hacer eso hay que ser una leyenda, y Crom lo es. Y hablo en presente porque Crom vive y sigue siendo legendario, incluso ha inspirado una parte de Ubbe, un personaje de mi primera novela al que tengo mucho cariño.

Pero a lo que iba, al Sputnik. A finales de los 90, trajeron una máquina recreativa de la que ya he hablado y fue motivo de infinitas risas. Era el Gauntlet 2. Recuerdo que Crom, alias Bognar, alias Oméride, y el gran Txelo de Castro, alias Sir Bowen Von Carstein, alias Madmardigan, gastaban dinerales y hacían piras a triscapellejo jugando como obsesos. Esto se debía a que aquella recreativa incluía una novedad que animaba al vicio: los pejotas con los que jugabas subían niveles y cuando se terminaba la partida, la máquina te proporcionaba un password para recuperar el juego donde lo dejaste la próxima vez que jugases. Aquello era revolucionario, era la locura.
Claro que a Crom lo de hacer piras no le turbaba demasiado. Sir Bowen y él casi no pisaban las clases, los profesores no los conocían y, si lo hacían, preferían que no fuesen a clase. La pena es que Crom era un tío muy listo antes y ahora, y de haber aprovechado el tiempo entonces hoy sería ministro o notario. Bueno, ministro puede serlo cualquiera. Pero, en fin, tampoco está mal colocado. El caso es que Sir Bowen se pasaba 25 horas al día jodiéndole la cabeza al gran Crom con que él había gastado menos a la máquina y tenía más nivel; le decía que le iba a robar el password para gastarle las pociones. Le estaba tocando las pelotas más de lo que cualquier ser humano puede aguantar. En clase le llamaba Bocanegra, le decía que tenía granos en la cara; Crom se defendía diciéndole que tenía la nariz como Miliki. A mi, Sir Bowen me decía que no le sacase objetos mágicos en la aventura, o que le sacase objetos infamantes (una espada mágica de madera y cosas así, objetos malditos…). Pero los insultos con los que Madmardigan acosaba a Crom eran de mayor nivel e ingenio que los de Crom, porque nuestro amigo Txelo de Castro siempre ha tenido un talento innato para el mal, y se prolongaban hasta el infinito, y todos nos preguntábamos cuánto tardaría nuestro héroe homérico en estallar.
Un día, los dos estaban haciendo lo que acostumbraban, pira, y fuera de la degustación que había al lado del Sputnik, Crom estalló. Ojalá venga por aquí alguno de ellos y nos digan en detalle por qué reventó todo. Lo único importante es que nuestro héroe, Crom, le sacudió una ostia con el canto de la mano en el cráneo que Madmardigan salió volando, para aterrizar dentro de la degustación (puede haber un poco de IVA). La cosa podía haber ido a más, pero los separaron. De todas maneras hay pocos seres en el planeta Tierra que puedan pegarse con Crom y salir bien parados. Una vez, por aquellos tiempos, estábamos jugando o haciendo el tonto, me dio un puñetazo de broma y me dejó sin respiración. Ningún puñetazo de Crom era de broma. Podría darse de bofetones con los rusos esos siberianos que se ven en Facebook, y ganaría. Los siberianos a Crom no le dan miedo. Las noticias de la movida me llegaron en clase (yo sí solía ir). No me extrañó demasiado. A mi, Madmardigan también me estaba tocando las pelotas a todas horas, era su comportamiento habitual. En cierta forma, Crom había hecho justicia por todos. Pero no salió indemne. Había dispensado el ostión con una mala postura de la mano, y debió romperse algo, porque en las siguientes horas la extremidad se la puso como esos guantes de látex que se inflan soplando y parecen un globo (puede haber un poco de IVA), y que dolía solo verlo. El perínclito Tarnus, también conocido como Althilor Fengrim y Wild Eric, dijo una vez que parecía que había lanzado el conjuro Mano Vigorosa de Bigby, algo que no deberíamos descartar. En cualquier caso, en pocos días eran otra vez amigos y se partían de risa como antes, así que nada, pelillos a la mar. Hace unos años que se volvieron picar, por ciertos desacuerdos en una lonja que tenían con unos amigos, y Madmardigan juró por su alma (IVA) que nunca le volvería a hablar. Se hablan ya, por supuesto. Madmardigan y Crom son primos, están condenados a entenderse.

Renato le infla los webos a Fran Lannister
Mucho después del instituto seguíamos jugando a rol, y tanto Crom como Madmardigan las seguían liando, pero ahora voy a hablar de otros figuras. Fiesta de Goblyns 2012 fue una ocasión fabulosa, aunque no llegamos a terminar la aventura, las sesiones fueron brutales, con una media de 2’5 muertos por aventura. Las risas todavía resuenan en la bóveda celeste. En este blog he dejado cumplida cuenta de algunas de esas maravillosas horas, ahora contaré alguna épica de aquel 2012, que si la escuchase Ulises fliparía.

En aquel año jugamos Fiesta de Goblyns: Madmardigan, Crom, Fran Lannister, Renato, Koke, Txarifas, Zevo, Patxi el Negro, y quizás algún otro. Jugábamos en el txoco del KOL, una peña famosa de Springfield, al que nos dejó entrar Koke, miembro de honor. Esa campaña está recogida oportunamente en este blog, para los interesados. Koke tiene muy buenas historias, una de ellas tiene que ver con unas miserables monedas y un inocente latrocinio de Tarnus que pudo acabar en ostias, y que desde luego acabó en odio eterno. El caso es que recuerdo uno de aquellos días a Koke salir del retrete del txoco del KOL cagándose en dios (algo por otro lado bastante frecuente en Springfield). Alguien había cagado en el retrete, dejado frenada, y huido después de decir aquello de ‘pies para qué os quiero’. En lugar de limpiar el desaguisado. Koke es un tío de honor y aquello le cabreaba, es normal. El caso es que un día Renato quiso venir a jugar, y nosotros fuimos generosos y le dejamos. Renato no era uno de los viejos del rol, somos un club selecto. Debo recordar que Renato hizo una obra de arte (hablo en serio) hace unos meses y al verla me reí más de lo que me he reído en los últimos años en dos minutos, hasta llorar, hay un audio de whatsupp donde grabé el ataque para guardarlo en el recuerdo. Otra de las veces que más me reí gracias a Renato, con él, no de él, fue cuando Tarnus, irritado, me explicó lo que era estar con Renato mientras comía un helado de chocolate a su lado. ‘Hace un ruido repugnante, asqueroso’ decía. ‘Lo come con ansia’ aseguraba, ‘lo chupa y se relame como si estuviese comiéndose una polla gigante’, remataba. He sido muy afortunado de atender a tales manifestaciones, y de poder dejar noticia de ellas.
El último día que vino, sin embargo, se puso muy nervioso, pues el día anterior tuvo movida gorda con Fran. Creo que ya he hablado de esto en otra entrada. Le puso muy nervioso el venir a jugar, pues las veces anteriores hubo ciertas polémicas con él, y creo que esos nervios le vencieron. Renato se fuma dos o tres paquetes al día como tú te comes una gominola, y ese día se tragaba los cigarros de dos en dos. El caso es que íbamos a jugar por la noche, pero el tío se presentó a las 5 de la tarde a ver un partido al txoco. no dejó de fumar desde que llegó y para cenar se pidió una hamburguesa gigante (todavía no habíamos empezado a jugar) y se la comió de dos o tres bocados, en menos de cinco minutos. Con una mano sostenía la hamburguesa, con la otra, el cigarro. Cuando terminó la hamburguesa, se puso verde, parecía un hobgoblin. Había enfermado de la glotonería, y tuvo que marcharse. Al día siguiente me dijo que se había visto cerca de la muerte (un poco de IVA), que estaba enfermo, y no vino a jugar más. Jugaba con un explorador. Me dio algo de pena, pero era su decisión.
Pero el día clave fue el anterior, cuando acusó a Fran Lannister de haberle fumado ‘dos o tres cigarros’. Eso ocurrió, igual a las 2 de la mañana, pues jugábamos por la noche. Renato fumaba con tanta ansia que igual se zampó dos paquetes desde que empezamos y, cuando se le acabó el abastecimiento, vino la ansiedad y empezó a meterse con la gente. Para ese momento, ya le había quemado una camiseta a Sir Bowen con un cigarro, lo que provocó infinitas risas. Ese día, Sir Bowen tenía a la derecha a Renato lanzando humo de cigarro sin pausa, como la puta chimenea de un ferrocarril del XIX, y a la izquierda a Bognar fumando infinitos petardos, porros a carretillas, y hablando como él habla, de manera ininterrumpida, incoherente, con una verborrea irrefrenable, como un chorro incontenible y sin sentido, y a un volumen no bajo. Puedes pensar que aguantar tal marea cinco minutos es posible, te reto a sobrellevar a Crom a tu lado hablando de rol, emporrado, 4 o 5 horas. Soportar semejante posición, lo reconozco, merece mi admiración y reconocimiento al gran Sir Bowen, que es un superhéroe vikingo soportando colgados. Recuerdo que Tarnus decía que cuando jugábamos a rol y tenía al lado a Crom, notaba más calor en la parte de la cara que daba al gran bárbaro, nuestro amigo.

El caso es que el gran Renato no se enteraba de nada de la aventura, porque andaba preocupado por el suministro de cigarros. Por eso su rabia, cuando ya estábamos terminando, al verse a cero de cigarros. Había fumado todos los suyos y muchos del Maese Zevo, que en aquella época fumaba cigarrillos de aquellos mentolados que dicen causan esterilidad. Ver a Renato fumar es también una experiencia, hace un ruido gracioso, como del que hace pompitas con la boca, ‘pop, pop’ cuando chupa el cigarro. El cigarro es una proyección de él mismo. Ese día su estrategia estuvo por completo errada por la ansiedad y la precipitación, y fue acusar a Fran Lannister de haberle fumado unos cigarros, ‘dos o tres’ decía. Entonces se montó un pollo, pues Fran se engoriló y fue a por Renato, y a cinco centímetros de su cara le llamó ‘subnormal’ y ‘puto gordo’, o ‘puto gordo subnormal’, no sé el orden, pero lo fundamental se lo dijo; pero Renato no se bajaba de su burro, e insistía en su órdago. Fueron momentos de épica. Al día siguiente, como ya he narrado, se comió una hamburguesa gigante en cosa de dos o tres minutos, y reventó.
¿Qué más puedo decir? No me da la memoria para más, agradeceré ayuda de otros protagonistas de este infeliz teatro.








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