Estaba enredando por Amazon, buscando libros, y los muy cabrones me empezaron a meter anuncios del Heroquest. De alguna manera, saben de qué pie cojea cada uno. Es verdad que mi frikada me lleva a veces a buscar miniaturas guapas, compro raramente, y sobre todo se las regalo a mi sobrino, al que le molan los monstruos y las minis más que ninguna otra cosa en el mundo. Se veis su habitación os preguntarías cómo un niño de ocho años puede dormir ahí: está repleta de monstruos espantosos que os cagaríais del cangelo que dan. Tiene alma de friki.

Pues de alguna manera, el anuncio de Amazon tuvo éxito, tocó mi alma. Deseo poner mis sucias manos de viejo sobre la nueva versión de Heroquest, aunque no lo vaya a jugar, o lo vaya a jugar solo en ocasiones muy puntuales. Pero quiero tenerlo, porque traza una línea directa y con absoluta continuidad con mi primera adolescencia, allá por los 12 o 13 años. Quiero que esté en mi casa, aunque solo sea para mirarlo y recordar tiempos mejores.
En aquellas épocas remotas, cuando había democracia en España, tuve mi primera experiencia Heroquest en casa del Maestro Ninja Gara, con su hermano Tarnus y Carlos, otros dos célebres springfieldianos. El máster fue un friki del que ya he hablado, Roberto, que por aquellos tiempos era amigo de los otros dos hasta que terminaron a fostias, pero esa ya es otra historia para otro cronista. Resulta que el tal Roberto, con el que tuve cierta experiencia rolera a principios-mediados de los 90, tenía el Heroquest de aquellos tiempos e íbamos a casa del Maestro Ninja a jugar. Yo estuve en dos o tres veces sesiones, y mi experiencia fue muy buena. Muy divertido, el primer escalón para acabar haciendo rol, guardo gratos recuerdos. Tan genial fue mi experiencia que, recordará el gran Maestro Ninja, ideé un Heroquest propio.

¿Qué me estás contando, Friktor? Debéis saber que yo os gano a friki uno o dos pueblos. A mediados de los 90, cuando yo tenía 13 años, no había Amazon. No era fácil encontrar un Heroquest por ahí, en cualquier tienda. Y de haberlo, sería caro. El menda que aquí escribe nunca fue caudaloso en pesetas, la paga me daba para una partida a la máquina, unos chetos y unas nubes. Y un Heroquest debía valer sobre 5000 pesetas, lo equivalente hoy a 30 eurapios. Una fortuna, vamos. Cuando llegaban los reyes ya no me acordaba del Heroquest, normalmente, en esos años, prefería un juego para la Super Nintendo o cosas así.
El caso es que desarrollé mi propio Heroquest. Tenía unos dados de no sé qué que podían hacer exactamente la misma función de los dados del Heroquest, y las miniaturas las sustituí por unos cartoncillos con figuras de orcos y héroes que venían en el Señor de los Anillos Básico (que tenía desperdigadas por casa). El mobiliario que aparece en las mazmorras me lo curré yo: armarios, puertas, cofres, con cartulinas, ¿no sabéis hacer un cubo o una figura peralelepípeda con cartulina? Pues aprended. Todo lo pinté con las acuarelas que tenía de la escuela, y el escenario lo pinté también sobre un cartón cualquiera, cuadrado, que tenía por ahí: habitaciones, pasillos, distintos colores y movidas. Fliparíais del curro. Los niños de hoy no sabéis nada, sois perdedores, frustrados de por vida, poneos las pilas ya. En mis tiempos cuando no tenías una cosa, la hacías tú mismo y a tomar por cul. Quemé ese Heroquest con el Maestro Ninja en mi casa, jugamos hasta el hartazgo, nos divertíamos como perros. Solo lamento no haberlo conservado, desapareció de mi casa, seguramente víctima de alguna limpieza general de mi madre.

Ahí no se acabó la fiesta. Después del Heroquest apareció otro juego que daba un paso más allá hacia el rol: el Advanced Heroquest. Muy guapo, como entenderéis yo no veía la forma de hacerme con él, así que lo repliqué a mi manera. Los escenarios eran configurables: en lugar de un gran tablero con pasillos y habitaciones, ahora las habitaciones y pasillos eran independientes y podían situarse como un puzzle formando dungeons siempre distintos. Así que agarré cartón y tijeras y me puse ha recortar haciendo habitaciones de distintos tamaños, pasillos, cartas con dibujos incluidos, más mobiliario, mil movidas. Si todo ese tiempo lo hubiese invertido en estudiar sería hoy astronauta o físico nuclear. El caso es que ese nuevo Heroquest fue muy jugado por mis frikis en el Bareto, el bar pirata de Txelo de Castro. Allí nos reuníamos todos los días, y evidentemente no siempre había aventura rolera (cuando aquello ya jugábamos a rol), así que agarrábamos el Dragon Strike o mi Advanced Heroquest casero y le dábamos caña. Jugamos mucho al tema, la diversión y las risas eran infinitas.
Debo deciros una buena noticia. El Advanced Heroquest está por mi casa, muy de vez en cuando lo miro, lo observo, y esbozo una tímida sonrisa recordando cuando fuimos los mejores. Cuando no había dinero, en España había talento y cojones. Siempre los ha habido. Pensaréis que eso es patético, pero te equivocas, daría lo que fuera por volver a aquellos años. Nunca he sido más feliz ni me he divertido tanto jugando a juegos de mesa que cuando los hacía yo con cuatro recortes y muchas pelotas. En aquellos años, la imaginación y la creatividad lo valían todo.
Así que cuando veo el Heroquest de Amazon, me entra la nostalgia. Me gustaría recuperar mi viejo Heroquest casero pero, siendo imposible ya, me conformaré con ese sucedáneo oficial. Pronto lo tendré por aquí y haré una entrada para que veáis qué tal está. Seguramente muy bien. Los que estamos mal somos nosotros.
¿Con esta publicidad quién no se fliparía?








Deja un comentario