Hoy vengo a daros noticia de mis primeras impresiones jugando a Heroquest, después de miles de años en el olvido y de habernos convertido en viejos patéticos. Además, lo bueno de reunirse y echarse unas risas con los colegas es que cuentan historias de Springfield que siempre son bienvenidas por lo bochornoso o tronchante, y que me propongo dejar por escrito para que sigan teniendo eco cuando yo muera, y vosotros os podáis seguir partiendo de risa.
Hemos jugado ya cinco aventuras de Heroquest en cuatro sesiones (hubo una sesión doble porque los retos eran más bien breves) y nos hemos divertido y tronchado a partes iguales. La diversión proviene del juego; las risas ensordecedoras de lo cabrona que es la gente y de las historias imposibles que se cuentan en los descansos, entre porro y porro. La primera sesión nos pareció muy difícil y murió toda la peña, pero había un mago mierditas que se sacrificó y resucitó al grupo para que pudiese terminar el reto, y fui generoso únicamente porque no quería cargarme a toda la peña desde la primera misión. Hubo un momento épico con última frase nivel 10 por parte del mago Florens: lancé los dados en una situación límite para matar a Florens, en las últimas, y uno de los dados quedó ligeramente fuera del tablero. Entonces el Zorro, alias Zulo, preguntó ingenuamente: «¿ese dado cuenta?». Esa fue su última frase. Pero tuvo suerte porque luego resucité a todos para que pudiesen seguir la aventura, pues en la primera sesión había bula papal, y pudieron terminar.

Las demás sesiones fueron bastante fáciles, desde luego más que la primera, a lo que contribuyó que ya podían comprar equipo y mejorar su armas y armaduras. Esto fue un cambio notable, pues se pasearon por los dungeons como si los esqueletos y zombis fuesen viejas artríticas a las que apalear sin problema. Se desarrolló una estrategia de raterismo nuevo que tuvo consecuencias fatales en la última sesión: ‘poner una pica en Flandes’. Esto consiste en entrar como perros hambrientos los primeros en las habitaciones, porque como buscar tesoros consume todo el turno, hasta el turno siguiente no podrán buscar, de manera que el primero en entrar será el primero que cuente con turno completo para buscar cuando todos sus compañeros terminen de mover. Esto provoca todo tipo de situaciones tronchantes y denigrantes, especialmente si el máster (Zargon) pone cofrecito en la habitación, que significa tesoro especial. Claro que buscar trampa también consume el turno entero, por eso esta peña prefiere abrir los cofres sin buscar trampas, porque recibir ostiazo de 1 punto de daño que hace la trampa merece la pena, salvo cuando hay trampa especial, como tendremos ocasión de ver.
En el descanso de la cuarta sesión, a mitad de la aventura, se habló de las grandes hazañas de Renato, uno de los más importantes personajes de Springfield por sus innumerables hazañas. Ya hablé de él como consecuencia de su actuación destacada en Fiesta de Goblyns 2012, pues alguna vez ha jugado a rol con nosotros, y en este caso estuvo a punto de ser fostiado por reclamar 2 o 3 cigarros que decía le habían robado, y de la que se retiró indigesto tras comerse una superhamburguesa en 2 minutos. Recomiendo leer el link, fliparéis. Renato no se llama ni se apellida Renato en la realidad, evidentemente es un seudónimo que yo uso para no infamarle, pues no soy amigo de quitarle la honra a nadie. Todo empezó con la foto que había subido Renato a linkedin, que se supone es una red seria para presentar tu perfil profesional, buscar trabajo y eso, ¿no? Una foto formal, neutra, sensata. ¿Recordáis la foto que envió Homer Simpson en el formulario para matricularse en la universidad? La he colgado en esta entrada, a la izquierda. No digo más. Empecé a llorar de la risa. Era solo el principio del despiporre.

El tema de Renato llevó a la peña, en los minutos del porro, a hablar de Renato Cero Nueve, una anécdota que yo desconocía. Ellos todo el rato: Renato Cero Nueve, Renato Cero Nueve. Hasta que yo pregunté, ¿a qué viene eso de Cero Nueve? Entonces me explicaron. Nuestro dilecto amigo, y vuestro (estoy seguro que si os conociese, se haría amigo vuestro, pues Renato es muy sociable) estaba a principios de los dosmiles con esta peña de fiesta, bebiendo y por lo visto bañándose en un río, no preguntéis cómo ni por qué, ni qué río era ni nada, porque es indiferente. Lo importante es que la bebida empezó a acabarse y, como en la angustia de los cigarros, Renato empezó a sentirse incómodo. Eso no puede ser. Entonces le pidió a uno de los chavales que se estaban bañando las llaves de su coche para ir a buscar más litros, y el otro no opuso pega: le dio las llaves esperando seguir bebiendo feliz.

Renato pilló el coche de este chaval y salió pitando a por priva, con tan mala fortuna que acabó estrellando el vehículo contra un muro y dándose tremendo hostiazo, y lo dejó siniestro total. Renato ileso, a Dios gracias, para poder seguir riéndonos con él, no de él. Ambulancias, bomberos, y policía asistiendo al accidente para poner las cosas en orden. La policía le saca a Renato el alcoholímetro y le dice: «Sople, por favor». Cuando un rato después Renato se reunió con sus colegas en el lugar de la tragedia, sorprendidos del gran fostión que se había dado en el coche, con buen criterio le preguntaron: «Oye Renato, ¿cuánto diste en la prueba de alcoholemia?» y él respondió con sosiego «cero nueve». Téngase en cuenta que 0,25 es multa y puntos, 0,75 es un delito contra la seguridad vial y cárcel… Renato dio, exactamente, 0,96. No es crucifixión, pero casi. Es casi no poder de dar un paso sin caerte, no acertar a poner el cigarro derecho en los labios, o articular una palabra sin parecer un subnormal.
No me preguntéis por qué Renato no fue a la cárcel, no lo sé, aunque me lo imagino. Seguramente le quitarían el carnet, pero desde antes es probable que no pudiera conducir, por ciertas cuestiones de salud mental que estoy seguro le tienen prohibido llevar un coche. Pero este tío es completamente inmune a la ley y al peligro, y me la jugaría a que ha vuelto a conducir. Las risas que me eché resuenan todavía en las bóvedas del universo. Volvimos a la partida del Heroquest, y llegaron los mejores minutos de la tarde.
Porque la aventura siguió adelante, y empezaron a producirse las vergüenzas cuando aparecían bichos gordos. Se había comentado, poco antes, que las aventuras ya no eran tan difíciles como la primera, y que eran algo así como un paseo por mazmorras llenas de monstruos sin mayor peligrosidad que un perrito. Fue decirlo y empezó a morir la gente. El bárbaro de Bob, alias Hiberlas, entró como elefante en cacharrería en una habitación para poner una pica en Flandes, y se topó de frente con una feísima estatua de una gárgola y unos esqueletillos. Pero era solo una estatua. Detrás de él entró Florens, alias JBY, el magucho que vivía desde el primer reto y que había sobrevivido con cojones desde entonces. Pero el bárbaro había entrado primero, por tanto él había puesto la pica. Poco le duró. Tan pronto como abrió la puerta a la siguiente habitación, la estatua de la gárgola cobró vida y, como Hiberlas se vio en una mala posición estratégica, con tres esqueletos pululando y una gárgola recién resucitada, le dio una hostia a un esqueleto, lo mató, y salió pitando de la habitación como si regalasen helado y él fuese Homer Simpson. Florens se quedó dentro, con la gárgola y los esqueletos, maldiciendo a los muertos del bárbaro.

Pero quedaba por mover Kalibusha, la elfa tetuda de Txelo Castro, alias Madmardigan, alias Sir Bowen, alias Grotek, alias Zorvan, y Florens creía que podía ayudarle a sobrevivir enfrentándose a la gárgola, pues la elfa tiene ciertas habilidades combativas. Pero había una pega: al abrir la puerta de la otra habitación, el bárbaro de Bob había revelando un cofrecito que es algo así como una imán para mis aventureros gorrones. Kalibusha tenía un conjuro para atravesar paredes, y Florens se veía salvado pero, la feliz elfa, en lugar de atravesar la pared para ayudar a Florens, usó el conjuro para entrar en la habitación del cofre para rapiñar con usura. Total, que me tocaba a mí y a la gárgola, fui a por Florens, le di una hostia y lo maté. La picada de JBY fue épica, no sin razón. Pero lo mejor estaba por llegar.

Con tanta ansia entró Kalibusha a por el cofre a saquear tesoros, y se vio tan apremiada a pillar los despojos antes de que llegasen sus compis, que abrió el continente sin mirar trampas, ala, ahí, con dos webs. Saltó la trampa, y quiso el destino que fuese una trampa especial, que en vez de quitar un punto de golpe, quitaba dos. Kalibusha estaba herida, solo tenía dos puntos de golpe (aunque creo que tenía una poción de vida que no usó por las prisas) y el gas que lanzó el dispositivo la mató. Total: en pocos minutos dos fiambres que venían jugando desde la primera sesión. Las risas se escuchaban desde China. La indignación de JBY quedó en cierta manera amortiguada por la muerte de una de las causantes de su propio deceso, pero el principal culpable, el bárbaro de Bob, sigue vivo y, además, superchetado por todos los objetos que ha recogido de sus compañeros muertos, oportunamente vendidos en la tienda e intercambiados por mejores armas y armaduras.
¿Qué nos deparará el futuro? ¿Se vengará JBY del bárbaro insolidario? ¿Vengará la hermana de Kalibusha a su querida familiar en la siguiente entrega? ¿Liará algo nuevo Renato? Nadie lo sabe, todo puede ser. Lo que es seguro es que nadie ha aprendido nada y las miserias de la condición humana permanecerán entre risas, porros y cervezas. Pronto os contaré la siguiente sesión y las vilezas que se verán para pillar unas monedas o cualquier mierda. No os lo perdáis.








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