A raíz de los últimos acontecimientos surgidos jugando a Heroquest, y de temas que se hablaron durante la partida con motivo de ciertas astucias que algunos jugadores intentaron colarme para beneficiarse, he creído apropiado hacer esta entrada sobre caradurismo y sinvergonzonería entre los jugadores de rol que tú, si alguna vez has jugado o dirigido una partida, conocerás. Ya sabéis que me gustan estos temas y dejar noticia de los comportamientos y antropología de los homínidos de mi tiempo, pues observar los comportamientos bajunos y picarescos es, a la par que edificante, tronchante.

Todos disfrutamos jugando al Señor de los Anillos en aquellos tiempos remotos, manejándonos entre su millón de tablas y saqueando el castillo de la famosa aventura, y sus espadas cortas oxidadas que nunca olvidaré, y que siempre echaré en cara al gran Txelo de Kastro, que ya en aquellos años era un veterano de mis partidas.

No todos mis pejotas tienen estos comportamientos, que suelen limitarse a ciertos ejemplares particulares de la especie humana. Lo más interesante y divertido es que al caradurismo le suman la chispa, el gracejo, el desparpajo, la desenvoltura que hace pasar su sinvergonzonería por simpático y ligero juego que no pretende hacer mal a nadie. Desde hace mucho, yo creo que desde antes que apareciese Crom en nuestras vidas, ya teníamos a Txelo de Kastro por un especimen ‘jactancioso alegre’, que viene a significar que mezcla su soltura y maña con el fanfarroneo y la bravata. Su personalidad la traslada con naturalidad a sus pejotas, a los que además añade una codicia enfermiza. Yo recuerdo hace mil años, cuando éramos muy críos y empezábamos en el rol, jugábamos la aventura del castillo en el Señor de los Anillos. En esa aventura, Txelo de Kastro rapiñaba todo, incluso aquello de nulo valor: le recuerdo haciendo acopio de espadas cortas oxidadas que había en alguna armería, y usar un carro para transportar toda la chatarra que acaparaba. Yo le insistía que el valor de aquellos objetos era 0, pero él argumentaba que algo pagarían en la tienda por el hierro.

La verdad es que Txelo de Kastro nos ha dado momentos gloriosos de usura, la última anécdota la reseñé hablando de nuestras últimas partidas de Heroquest, donde su elfa Kalibusha murió al disparar la trampa de un cofre, que no buscó para ganar tiempo. Pensaba que abriendo rápido el cofre evitaría que sus compañeros llegaran para disputarle el contenido. Es solo una de muchas anécdotas de rapacidad del gran MadMardigan, alias Sir Bowen, alias Zorvan. Txelo de Kastro tenía otras obsesiones: por ejemplo, si en D&D tiraba vida y le salía por ejemplo un 1 en el dado, era tan desquiciadamente cargante con su plañiderismo y súplica constante que te obligaba a dejarle volver a tirar, bajo riesgo de que te trastornase la cabeza. Al final siempre ganaba por una matraca inhumana.

Yo creía haber visto lo más roñoso y sinvergonzón que brindaba la especie humana, pero en torno a 1997-98, no recuerdo muy bien el año, llegó a nuestras vidas, que hasta ese momento eran aburridas, el gran Crom, alias Bognar, alias Bran Chupagemas, que vino a ser el abanderado del sinvergonzonerismo. Como imagináis, eso fue un antes y un después. Crom era el gran tunante, el sinvergüenza simpático, el gracioso tahur, el mejor fullero tramposo y ventajista, que te hacía reirte y simpatizar con él mientras te estafaba. Tales habilidades sobresalientes le valieron convertirse en leyenda en Springfield a la velocidad del rayo, y como un Alcibiades moderno se metía a los tíos en el bolsillo y a las tías en la cama con la facilidad del que se come una gominola. Aquiles le tiene envidia. Crom es el personaje que cuando quiere tu complicidad para hacer alguna jugarreta al límite de lo aceptable te guiña un ojo y sonríe con picardía. Crom pertenece a un linaje que está desapareciendo de nuestro planeta, adoradle. Total, que pronto empezó a jugar a rol con mi grupo y destacó como el granuja mayor del reino, lo digo con la inmensa simpatía y hermanamiento que me despierta este gran personaje, al que di una vida literaria paralela como el vikingo Ubbe en mi primera novela. Si no fuese grande y épico no le dedicaría tantas líneas en todas mis entradas. Pero vayamos al detalle.

Por aquellos tiempos este juego fue un fenómeno de masas, aunque a mi nunca me han gustado mucho los juegos de fútbol. Nunca me ha interesado demasiado el fútbol.

Hace ya unos cuantos años, el gran Crom recibió el mote de ‘apagaplays’. Os parece un mote extraño, no lo es. Recordaréis cuando estuvo de moda el PES (Pro Evolution Soccer) aquel al que todos los grupos de amigos jugaban cuando se reunían en una lonja o en la casa de alguno. Creo que era un juego para la Play 2, y no sé exactamente qué año del PES era (2014 me aclaran), pero es indiferente. El caso es que Crom era terriblemente malo jugando, y se picaba de maneras tan desaforadas que había motivos para temer por tu vida, pues una hostia de nuestro amigo bermeano era, no sé, como que te sacuda Tyson con un extintor en la geta. Pero nunca ha pegado a un amigo, a otros malandrines sí, recordad cuando mencioné a los proetarras que acabaron con los dientes bailando. El caso es que cuando ya iba perdiendo 9-0 en el PES, la locura le invadía y, sabiendo que si el partido terminaba el resultado quedaba grabado en la memoria del juego, recordándole eternamente su torpeza a los mandos, lo que hacía era levantarse por un resorte y apagar la Play sin preguntar a nadie, para desilusión del que iba ganando. Lo hizo tantas veces que le pusieron por sobrenombre, ‘apagaplays’.

Pero eso solo es una pequeña anécdota de lo que estaba por venir. Jugar a rol con él era un desafío, porque te la intentaba colar constantemente, a veces creo que sin darse cuenta. Regularmente el pláster tenía que revisar los personajes, aunque los miraba todos queriendo escudriñar exclusivamente el de Crom, para no irritarle. Y cuando lo mirabas comprobabas que su pejota estaba completamente adulterado: pluses que nadie sabía de dónde salían, más puntos de vida de los que eran posibles, objetos mágicos que nunca habían salido, eso por no hablar de cuando usaba habilidades del personaje especiales que siempre aplicaba mal, eso sí, en su beneficio (no mal para peor). Cuando le decías algo, empezaba a jurar en arameo y a acordarse de los santos del Cielo. Te disputaba las reglas, de las que hacía una lectura grotesca. El motivo de todos estos desmanes es que, si le tirabas un conjuro que le aumentaba +1 el ataque, él se lo sumaba y luego, cuando se pasaba el efecto, no lo restaba. Así iba sumando bonificaciones a lo loco. Lo mismo referente al daño, o a los puntos de vida. La furia del bárbaro la hacía a su puta bola, siempre a su favor, claro; te cogía el libro y te decía: ‘¡no lo ves! ¡no lo ves!’, efectivamente, lo que tú lees y lo que el resto de la humanidad lee son cosas distintas. Cuando revisabas la hoja alucinabas de las torsiones y flexiones que había hecho con las reglas, muchas veces sin proponérselo, sin maldad. La picaresca actuaba de manera inconsciente, como si tuviese voluntad propia.

Nunca podré agradecerle a esta aventura, que le sustraje sin desearlo al gran Wolframius Rostrum, toda la felicidad que me ha aportado.

No le intentaras estafar a él, como hicieron el Maestro Ninja y Txelo de Kastro una vez en Fiesta de Goblyns. Recuerdo que fue en el txoco de Zevo. No sé por qué motivo estos dos PJs entraron solos a algún sitio mientras el resto del grupo les esperaba, y allí pillaron un tesoro que luego debían declarar a sus compañeros y repartir. Total: que para pillar bocado declararon haber trincado, pero no lo declararon todo, y se embolsaron parte sin que los otros lo supieran. Crom podía hacer eso perfectamente, aunque él seguramente no habría declarado nada (creo que lo hizo con su bribón Oméride una vez, y le pillaron por avaricioso, porque el tesoro era tan grande y el halfling tan pequeño que no podía ocultarse: armaduras, espadas, dinero…; también hablamos una vez que esperó a que el grupo se durmiese para pillar unas gemas que habían dejado en su sitio por respeto a una divinidad, y Crom fue de vuelta al santuario y las robó sin importarle las posibles consecuencias, y ya no jugaba con un bribón, lo hizo con un bárbaro). Pues bien, aquél día que el Maestro Ninja y Txelo intentaron embaucar al grupo, trataron de comprar a alguno que se había pispado haciendo tres partes, pero alguien al final se fue de la lengua y los pillaron con las manos en la masa, y la reacción de Crom fue de locura. Ese día se pasaba de rosca de la indignación, cómo se puede ser tan insolidario con los compañeros y tramposo, decía. Gritaba levantando la voz a los cielos y clamaba a los dioses invocando justicia, la palabra más moderada que los dirigió fue la de ‘hijosdelagranputa’, daba vueltas, iba y venía como un perro rabioso, como un león en una jaula, se le llenaba la boca de truenos y los ojos de relámpagos, todo por un puñado de monedas ficticias en un juego de rol. Pero era todo impostura, él era peor.

En la última sesión de Heroquest se recordaron las astucias que en los últimos años Crom emplea para tirar dados. El truco de Crom es lanzar los dados y, antes de que la gente pueda ver los resultados, los recoge velozmente y proclama: ‘un catorce’, ‘un dieciocho’, ‘un quince’, siempre valores que le benefician para lo que se había propuesto. Nunca son resultados que le perjudican. Pensarás que a tí no te la colaría, porque tú eres muy listo, pero te equivocas: lo hace con tanta maña y habilidad que te la cuela. Y claro, no le digas que es un geta, porque entonces tenemos montada la de Belchite: que si Dios, que si la Virgen, que si los Santos, ¿cómo osas dudar de su integridad y sinceridad? No es que cuando Crom blasfeme y maldiga esté al límite de asesinarte, diez segundos después puede estar descojonándose contigo por cualquier cosa, pero en el momento intimida bastante, y creo que eso también lo hace inconscientemente pero es muy efectivo, pues nadie (salvo Txelo de Kastro quizás) le lleva la contraria por no discutir.

A raíz de que hablásemos del caradurismo de Crom, salió a colación una jugada que en los últimos tiempos empleaba uno de mis jugadores de Heroquest, JBY, con su dado de 20. Resulta que este dado tiene un 13 bastante ambiguo por una inoportuna decoración del artilugio, que hace difícil identificar el 3 (ver fotos). De esta manera, con no poca sinvergonzonería, JBY leía, siempre que salía el 13, un 18. Así, jugaba con un dado que no tenía 13 pero en cambio tiraba dieciochos por partida doble. Cuando Txelo de Kastro lo descubrió (tiene el ojo de canalla para destapar tramposos) le echaron en cara su caradura, pero JBY se defendió diciendo que le confundía, que no lo hacía con picardía. Mentira. El 13 se ve bastante bien, especialmente cuando sabes que tiene esa mínima falta, pero en el alboroto del rol nadie se pone a mirar con lupa los números, y a menos que el pejota sea Crom, nos fiamos de los resultados. Así JBY pudo beneficiarse un tiempo, hasta que fue desenmascarado por Txelo. El sinvergüenza es un pájaro de vuelo corto, a menos que sea Crom, que siempre se idea atajos nuevos para sortear la normativa.

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