Este momento glorioso sucedió cuando yo era niño, y desgraciadamente yo no fui testigo presencial, aunque me dieron noticia con detalles muchas veces, de lo trascendental que fue. Debo, para empezar, señalar que este cómic fue compilado al filo del siglo XXI. No sé si 2001, 2002, 2003… pero en mis años universitarios, así que la proximidad a los hechos (se realizó 10, 12, 14 años después del fabuloso suceso) la aportan mayor credibilidad.

Debo también indicar que, en aquella época (tardíos ochenta, tempranos noventa) la escuela era distinta en España. El otro día, hablando con la madre de un niño escolarizado, nos reíamos de las diferencias de lo que era y lo que es. Hoy, las escuelas son como campos de concentración de los putos nazis. Hoy los niños tienen la mínima posibilidad se rebelarse contra las normas, ser libres, actuar con independencia, salvo para el puto bullying, que con los teléfonos móviles es mucho más fácil y eficiente; así que las autoridades del centro de internamiento deberían pensar qué están haciendo mal. Han levantado vallas como el muro de Berlín para que los niños o los jóvenes no hagan pira, y tienen a veinte profesores maromo patrullando las posibles salidas para que nadie escape.

Bien, pues cuando Hamanu, Tarnus, Txelo de Kastro, yo, y todos los demás, éramos inofensivos infantes, los profesores fumaban en clase, leían el periódico, te soltaban una ostia, y otras lindezas. Cuando aquello, la gente tenía pelotas; hoy solo vemos maestras remilgadas y maestros afeminados, que es lo que le interesa al gobierno y a los poderes mundiales: amaestrar, domesticar y volvernos a todos dóciles y obedientes, que paguemos impuestos religiosamente y no demos problemas. Al toro le cortan las pelotas para volverlo sumiso: pues eso es lo que nos hacen hoy en día con nosotros, por medios más sutiles.

Y resulta que en aquellos tiempos podían darse escenas como la del cómic, entre dos de los personajes más épicos de Springfield. León era el hermano de otro personaje que he tocado en este blog, al que llamé A. C., de gran importancia en mis inicios roleros. León era mayor que nosotros, repetidor, y altamente conflictivo. Solía montar movidas. Leonardo era profe de inglés, de un pueblo cercano a Springfield, y todos los que le conocen saben que tenía la mecha corta. Las leyendas en torno a Leonardo son infinitas, e incluyen, incluso, patadas voladoras a chavalas tocawebos. Yo le he visto en alguna intervención y, os puedo asegurar, todo lo que me cuenten no me sonará exagerado.

El día de esta famosa hazaña que representa el cómic, yo no estuve, pero es posible que alguno de los que pasen por aquí si estuviera. Que nos deje su opinión. El caso es que León le lio alguna a Leonardo (no sé exactamente qué), y el otro fue como una fiera a pillarle. María Jesús, una profa un poco rara a la que no he vuelto a ver, estaba en clase, y al ver el ánimo de Leonardo, le impidió entrar haciendo uso de su escasa fuerza y su mayor poder de persuasión. Mientras, desde dentro, León insultaba a Leonardo a grandes voces, y le retaba con provocaciones y aspavientos. Ese día, Leonardo tuvo que retirarse, y no pudo montar el pollo tremendo que habría montado de entrar, seguramente, con fostias incluidas.

No hace mucho estuve hablando con Leonardo, y me dijo que el resultado de todo aquello fue que el padre de León se enteró de la fiesta, y quedó fuera del colegio con Leonardo para darse unas hostias. Y allí fue nuestro profesor de inglés. Al llegar y encontrarse ambos, el padre de León le preguntó que por qué iba a por su hijo, y Leonardo, muy alterado, le narró las últimas hazañas del otro, que, me disculpo, no conozco exactamente. El resultado de aquello fue que, el padre de León, se solidarizó con Leonardo, volvió a casa, e infló de fostias a su hijo.

Y esa es una bonita historia de aquellos años felices, en los que los españoles éramos libres, los adolescentes se escapaban del instituto, los profesores y los padres se daban de hostias, y otras insolencias de eterno nombre y escritura.

Y ahora, que os den por el dulce cu.

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