Hubo una época en mi vida en que este perro, el Shadow of the Comet, fue para mi una obsesión. El juego vio la luz en 1993, yo no debí conocerlo mucho después. Estaba bastante obsesionado con Cutulu, lo había conocido en mi último año de EGB, que coincidiría a grosso modo en 1994; gracias al maestro A. C. logré apropiarme de una horrible copia del juego de rol mutilada de la edición que pululaba por Springfield. Cuando aquello no era fácil conseguir un juego de rol en un pueblacho, a menos que condujeses a Bilbao, algo poco accesible sin ayuda de tus padres, pues el menda tenía 12-13 años. Y yo iba a Bilbao con mis padres cuando ellos necesitaban ir a Bilbao, y como comprenderéis iban a hacer sus cosas y si por casualidad sobraba tiempo, accedían ir conmigo a Joker a comprar rol (a veces íbamos a Algorta, ya contaré esa película en otra entrada). Y cuando aquello no se dio la oportunidad. Así que copia infecta de Cutulu, que usé un montón de años con mi grupo de rol. Mi primera copia legal de Cutulu la conseguí siendo calvo ya.

El caso es que en las revistas de videojuegos salía el Shadow of the Comet, y un día por casualidad conseguí una demo en uno de esos CDs cutres que regalaban con la revista. Y fue la apoteosis. Hamanu y yo éramos grandes incondicionales de Chulu, y cuando vimos que iba de ese rollo, nos secuestró la vida. Al menos a mí. Las pantallas pixeladas de escenarios de época (un poco cutres vistas hoy en día), el rollo aventura gráfica, la musiquilla cutuliana, el misterio de lo que está por llegar… pero no podía conseguirlo en Springfield, así que me moví por las tiendas y kioskos donde podía encontrar juegos y traté en encargarlo. No hubo manera. Hubo un tiempo antes de Steam donde conseguir un juego no era fácil para un mocoso, sobre todo en pequeñas poblaciones. «Cómprate otro que veas por ahí», me decían; no entendían que Chulu me estaba llamando.
Pasó el tiempo y mi obsesión se fue, y hasta se fue el milenio, que había sido bastante cabrón con la humanidad, pero que nos llevó desde una oscura Edad Media románica hasta internet, ¿no está mal, no? El caso es que me acabé olvidando del Shadow of the Comet. Además, descubrimos por ahí un sucedáneo que tuvo mucho más éxito en su tiempo (es de 1992), y que también es un perro chululiano con un montón de premios y que todos vosotros, pecadores, conocéis: Alone in the dark. Pero al Aloncio, y al pájaro que entraba por la ventana, le dedicaré otra entrada.

Total, que al cabo de los años, ya en el nuevo siglo, redescubrí el Shadow pero, como os podéis imaginar, al cabo de diez años el Shadow no se veía igual que en 1993. Hoy en día mucho menos. Los perros muy rara vez envejecen como el buen vino, suelen ir a peor. Jugué más, avancé porque ya tenía el juego entero, pero al cabo me quedé bloqueado y me infló las pelotas. Dejé de jugar. Ya no me entusiasmaba, así que pasó sin pena ni gloria. Lo abandoné y desde entonces no lo he vuelto a tocar. El otro día lo compré en GOG por 79 céntimos, pero no lo he instalado. Dejémosle ahí, algún día, si me pica la nostalgia, quizás lo juegue.
El Shadow of the Comet tenía unos gráficos buenos para su época, una música muy adecuada para su ambientación, una trama que molaba un webo: el profesor Boleskine había pasado por el puerto de Illsmouth 76 años antes, para ver el paso del cometa Halley desde ese pequeño puerto de Nueva Inglaterra, donde se decía que se veía mejor que en ningún otro lugar. El infinito parecido del nombre del pueblo como el del relato de Lovencraft no es casualidad, y tampoco el entorno y contexto de la visita de Parker: leeros «La somba sobre Innsmouth». Pero por algún motivo desconocido, el profesor Boleskine enloqueció, y fue encerrado en un psiquiátrico en Londres. Parker, tu pejota, vuelve a investigar ante el nuevo paso del cometa, para indagar en lo que sea le sucedió a Boleskine. Pero el recibimiento de la gente del pueblo es, cuando menos, hostil. Desde ahí se desarrolla un trasfondo interesante y complejo, que os animo a descubrir, sabiendo que esta parte del perro suele ser la mejor de estos juegos chululianos.

A este perro le siguió otro que no llegué a jugar, el Prisoners of Ice, que investigaré para hacer una entrada más adelante. Al que sí que jugué fue al muy chutulu, Dark corners of the Earth, más reciente, muy molón, y ese sí daba canguelo. Hablé de él hace años brevemente, pero seguro que vuelvo sobre él, porque era muy buen juego, aunque un bug me lo jodió.
Iremos poco a poco.








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